Semiología Psiquiátrica y Psicopatía

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LA PROSTITUCIÓN

Enfoque psiquiátrico, sexológico y médico-legal

Prof. Dr.  Juan Carlos ROMI

 

Profesor titular int.  de la Cátedra de Psiquiatría y Salud Mental Hospital Asociado José T Borda

Facultad de Medicina UBA. 

Médico Forense  de la Justicia Nacional

Miembro fundador y presidente honorario de la Asociación Argentina de Sexología

 

1. Introducción

Hace 36 años he publicado en la Revista Argentina de Sexología y Educación Sexual (Año I, Vol. I, Nº 2 Pág. 23/30, sep. 1970) un “Ensayo sobre la prostitución en un barrio de la Capital Federal”, síntesis de dos trabajos presentados en la primitiva Sociedad Argentina de Sexología, decana y pionera en nuestro país, para optar a miembro titular de la misma, con los títulos de “Ensayo sobre la prostitución en un barrio de la Capital Federal” y “Causas de prostitución detectadas, su problema y la educación sexual” presentadas en los meses de agosto y septiembre de 1968.

Desde aquel momento hasta la actualidad ha pasado el tiempo suficiente como para realizar una actualización teniendo en cuenta los grandes cambios observados a nivel cultural por parte de nuestra sociedad.

Para ello haremos algunas reflexiones sobre los enfoques psiquiátrico, sexológico y médico legal.

Es importante tomar en cuenta que para abordar esta temática no se habla de un mundo fácil de goce y placer, que es la figura que socialmente se tiene de la prostitución (sobre todo el de la prostitución femenina). No se habla de un mundo cruel, donde la violencia y la total falta de consideración por la condición humana de una persona agudizan un estado general de abandono y postración en vida de estas personas, que deben correr un sinnúmero de riesgos para subsistir, soportando vejaciones y humillaciones de una sociedad que las segrega y estigmatiza, asociándolas generalmente con el crimen y la vida disipada e irresponsable.

Viven o sobreviven entre tres tipos de abuso: el que viene de autoridades corruptas; el que ejercen clientes prepotentes y el de los dueños de los locales.  

También es importante considerar que mientras los impulsos sexuales del hombre y la mujer sigan constituyendo una de las necesidades más fuertes de la naturaleza existirá la prostitución. Es una situación lamentable, indudablemente, y sin embargo no puede ser considerada un delito, no teniéndose por tanto justificación para considerar a la persona prostituida con desprecio y odio.  

Si no se solicitaran sus servicios, y si no llenara una necesidad definida, esta actividad no existiría. Si no fuera por el alivio ofrecido por esta actividad, muchas más personas estarían en riesgo de ser abusadas sexualmente. La violación, el abuso de menores y otros delitos de por si habituales serían de una frecuencia alarmante si no existiera la actividad prostibularia.

 

2. Delimitación conceptual

La definición de prostitución o como se expresa en los últimos tiempos Trabajo Sexual Comercial (TSC) implica la revisión de términos incompletos e incluso contradictorios entre sí.

Siempre se ha dicho que la prostitución ha existido siempre, especialmente en las sociedades de tecnología avanzada, es decir, en las sociedades industriales.  

Es más frecuente en el área urbana que en la rural. Las personas que ejercen el TSC son en su mayoría mujeres, aunque a veces la practican los varones (generalmente individuos que prestan servicios sexuales a homosexuales y en algunas ocasiones a mujeres de edad y adineradas).

En algunos países está legalizada y organizada en burdeles, donde es más fácil que las mujeres puedan ser sometidas a una revisión médica cada cierto tiempo con el fin de controlar las enfermedades de transmisión sexual.

En otros, está prohibida, lo cual provocó que se recurra al TSC clandestino en salones de masaje, saunas, bares, cafés, etc.   

Entre los motivos principales que empujan a una persona al TSC se suelen mencionar la inestabilidad familiar, la falta de calor afectivo, la miseria económica, la influencia del ambiente y el deseo de ganar dinero por la vía fácil.

En cuanto a los varones que frecuentan a las TSC o los burdeles, no hay un tipo único: pueden ser solteros que no tienen acceso a una mujer, neuróticos y desviados sexuales, maridos insatisfechos sexualmente en el matrimonio, jóvenes que buscan su primera experiencia sexual, etc.

Etimológicamente, prostitución viene del latín prostitutio onis, de prostituere, exponer en público, poner en venta. Son las relaciones sexuales que mantiene una persona a cambio de dinero. El término Prostitución es el que engloba a las diferentes categorías de trabajadores sexuales comerciales. 

Para que exista prostitución se requiere las siguientes condiciones:

1) Que haya relaciones sexuales, heterosexuales u homosexuales. La creencia habitual es considerar que sólo puede hablarse de prostitución cuando una mujer ejerce su comercio sexual con varones. Sin embargo, no debe excluirse el caso de la homosexualidad, en vista de que existe desde hace tiempo una verdadera profesionalización de este tipo, sobre todo en las grandes ciudades.

2) Que el acto se realice por una remuneración; no se debe tener en cuenta sólo el pago en dinero, sino también el que se hace por cualquier otro medio que implique una recompensa traducida en ventajas materiales;

3) Que los actos sexuales sean frecuentes o habituales con las características mencionadas.

4) Que exista pluralidad  de personas con las cuales el acto sexual lucrativo se realiza.

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define la prostitución o TSC como toda "actividad en la que una persona intercambia servicios sexuales a cambio de dinero o cualquier otro bien" (OMS 1989). 

 De manera tal que la prostitución o Trabajo Sexual Comercial (TSC) es una actividad que exige como condiciones:

a) Una entrega sexo corporal como contraprestación lucrosa (tarifa)

b) Sin selección previa del cliente, ni interés erótico o amoroso personal.

c) Dicha actividad admite prostitutas y prostitutos.

  El ejercicio de la prostitución ha requerido desde antiguo: de lenocinio (Roma) lugar para la  práctica del oficio y del “lenón” que lucraba con la prostitución de su mujer,  prestando su casa para el comercio carnal.

También se describen los burdeles como "casas públicas donde se ejerce la prostitución”, que son sinónimo de lupanar, prostíbulo, mancebía, casa de citas, o casa de tolerancia.

 Dentro del campo de la prostitución, existen términos que se los relaciona con ella y que se prestan a confusión porque involucran  la existencia de una serie de personas en la actividad sexual que se realiza. 

Así observamos que existen otras formas de manifestación de la actividad sexual múltiple que pueden estar emparentadas o no con la prostitución y que debemos delimitar.

 

Se denomina pluralismo sexual  a la preferencia y a veces necesidad de algunos individuos por más de una persona como simultanea o sucesiva compañía para el  goce erótico ya sea heterosexual, homosexual o mixta.

La actividad sucesiva se caracteriza por la reiteración de formación y ruptura de parejas (como ocurre en las personas con divorcios múltiples), mientras que la actividad simultánea es mas característica de la prostitución.

También se observan la adicción sexual, las parejas swinger y el  triolismo.

Las parejas swingers están formadas por gente que reconoce sus necesidades sexuales y con el  consentimiento mutuo de sus parejas deciden experimentar en el intercambio con otras parejas estables nuevas posibilidades que le den diversidad y emoción a su vida sexual. La pareja swinger ejerce una sexualidad honesta pues de manera compartida amplían sus experiencias sexuales sin engaño ni secretos.

La palabra swinger tiene sus orígenes en los años 70 y desde hace algún tiempo el término le ha parecido peyorativo sobre todo a las personas de habla inglesa, por ello se acuño el término Life Style o Life Styler que pretende describir el acto del intercambio de parejas como un estilo de vida y no una moda o una patología.

Existen otras prácticas grupales que pueden estar vinculadas a la prostitución ya que pueden ser amateurs o profesionales.

 

La biandria o bivirismo: es la relación sexual en la que intervienen una mujer y dos hombres. Cuando el placer consiste en tener relaciones de a tres se conoce como “ménage a trois".

El triolismo  del Francés, trois, tres, es la excitación erótica y la facilitación y el logro del orgasmo son relativas a, y dependientes del hecho de observar a la propia pareja en alquiler o préstamo con una tercera persona mientras realizan actividades sexuales incluyendo coito. Preferencia y simple circunstancia de formar un trío erótico. Es la cohabitación y práctica libidinal conjunta de tres personas. Lo mas frecuente es la participación de un varón con dos mujeres, en que coincide la tendencia poligínica varonil con la lésbica y /o la masoquista femenina. Otro trío no excepcional es el formado por una pareja heterosexual con un “colaborador” anfierótico, realizando una “partuza”, palabra argótica sinónimo de cama redonda y orgía.

Por último, pueden observarse conductas parafílicas en grupo como por ejemplo el sadismo grupal., así como ciertas agresiones sexuales  como se observa en la violación en grupo.

La adicción sexual es una forma en que algunas personas “medican” sus sentimientos o lidian con sus preocupaciones, al grado tal que su comportamiento sexual se convierte en el mecanismo para trabajar las ansiedades de sus vidas. El individuo puede llegar a un punto en donde se le hace difícil el detener, por si mismo su comportamiento sexual (o práctica adictiva) por períodos  prolongados. Es una persona que le dedica mucho tiempo a la búsqueda y al complacer sus comportamientos o fantasías sexuales, sin lograr poder calmar su ansiedad con la ejecución de la conducta erótica.

 

3. Revisión histórica

El análisis histórico está, por lo tanto, relacionado con los valores y la moral. De esta manera, se analizará las siguientes etapas que marcan trascendencia en la evolución histórica de la prostitución o TSC.

3.1 La prostitución en la Edad Antigua

En un primer momento, la prostitución no podía ser identificada como tal, ya que, como hace notar F. Engels en su estudio denominado “El Origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado”, basado en las investigaciones de Lewis Morgan sobre los pueblos primitivos, el sexo era practicado indiscriminadamente por todos los miembros de la tribu, sin que existiese diferenciación de familias entre sus miembros, de tal suerte que cada mujer pertenecía igualmente a todos los hombres y cada hombre a todas las mujeres. De esta forma, plantea la existencia de prácticas que por entonces no eran consideradas promiscuas (pero que en la actualidad sí lo serían) dadas las condiciones sociales de existencia imperantes. 

La prostitución venal fue al principio un acto religioso; se practicaba  en el templo de la diosa del amor y primitivamente el dinero ingresaba en las arcas del templo. Las hieródulas de Amaitis en Armenia, de Afrodita en Corinto, lo mismo que las bailarinas religiosas agregadas a los templos de la India, que se conocen con el nombre de bayaderas (la palabra es una  deformación del portugués bailadeira), fueron las primeras prostitutas.

La prostitución, deber de todas las mujeres en un principio, no fue ejercida más tarde sino por estas sacerdotisas, en reemplazo de todas las demás.

En otros pueblos, el hetairismo proviene de la libertad sexual concedida a las jóvenes antes del matrimonio; así, pues, es también un resto del matrimonio por grupos, pero que ha llegado hasta nosotros por otro camino. 

Con la desproporción entre la propiedad, es decir, desde el estadio superior de la barbarie, aparece esporádicamente el asalariado junto al trabajo de los esclavos, y con él, como un correlativo necesario, la prostitución por oficio de la mujer libre, junto a la prostitución obligatoria de la esclava. Así, pues, la herencia que el matrimonio por grupos legó a la civilización es doble, como todo lo que la civilización produce es también de dos caras, de doble lenguaje, contradictorio: acá la monogamia, acullá el hetairismo, comprendiendo en éste su forma extremada, la prostitución.

 Debemos aclarar que la hospitalidad y la prostitución estuvieron íntimamente relacionadas en los primeros tiempos. En un primer momento, como señalan las fuentes indicadas, el servicio sexual era hospitalario, es decir, algo más de lo que podía disponer el viajero cansado en la casa del huésped, sin que tuviera que pagar por esto.

Luego, a este tipo de servicio sexual sucedió el servicio sexual religioso. Este servicio fue la primera modalidad de prostitución, ya que para tener acceso carnal con una mujer en los templos dedicados a tal efecto el varón debía pagar determinada suma antes o después del contacto.

En Babilonia es donde se desarrolla este primer tipo de comercio sexual.

Toda mujer nacida en Babilonia estaba obligada, una vez en su vida, a ir al templo de Ishtar, la diosa babilónica del amor, para entregarse en ese lugar a un extranjero. Cuando una de las asistentes tomaba asiento en el lugar sagrado, no podía volver a su casa sin que un extranjero le haya arrojado dinero en el regazo y sin que haya tenido comercio con ella fuera del templo. Como podemos ver, surge de esta forma la prostitución sagrada, que se complementa y engarza con la hospitalidad sexual.

Los fenicios dieron a la prostitución ese aire comercial que tipifica su existencia. En la cultura fenicia existían dos divinidades del amor: Astarté y Baal. De la unión de ambas deidades surgió la celebración de una serie de fiestas o ceremonias que con el tiempo cobrarían un gran esplendor.

En Egipto, las leyes morales cumplieron su primer objetivo: desentrañar las diferencias entre el bien y el mal. La mujer egipcia se entrega en los primeros tiempos por pura y simple codicia. No puede seguir la costumbre hospitalaria, ya que el egipcio es en ese momento, por naturaleza, un ser que odia al desconocido, a quien por nada del mundo deja entrar en su casa ni le ofrece avíos o alimentos, creyendo sin duda que de esta mínima relación pueden sobrevenir contagios de pestes o enfermedades infecciosas.

Las egipcias que se abandonan a la prostitución se hacen, por tanto, cortesanas. A veces se presentaba la prostitución bajo la vertiente sagrada, engarzada en el culto a Isis, la diosa del amor y la fertilidad, y su esposo, Osiris. Sin embargo, si en Egipto llegó a existir esta forma de prostitución, fue sólo de manera muy leve. No obstante, la otra imagen que se tiene, la nacida de la codicia, brillaba con inusitado fulgor. Cuando cualquier egipcio, por noble que fuese, necesitaba conseguir algo, no dudaba en entregar a su hija, esposa o madre, con tal de satisfacer su ambición.

En Grecia hubo prostitución religiosa desde que se fundaron los templos, por lo que se la vincula al origen mismo del paganismo helénico. En Corinto era usual adscribir al templo de Afrodita mujeres que servían como meretrices y que entregaban a los sacerdotes lo que recaudaban en esa calidad. Constituían una gran atracción que contribuía al enriquecimiento de la ciudad, e incluso llegaron a ser tratadas como benefactoras.

 Al comenzar el auge del cristianismo se inició su decadencia, y en su primera epístola a los corintios, San Pablo las fustigó en forma despiadada, poniendo fin a un estilo y una época. En verdad, ya antes del advenimiento del cristianismo, en el período de mayor cultura griega, se había llegado a abolir la prostitución religiosa, pero sus huellas persistieron en muchos ritos y costumbres.

Solón trató de preservar el orden y la moral de Atenas, y para ello, además de tomar otras medidas, reglamentó la prostitución. Creó casas especiales, a las que llamó Dicterion, que quedaban confinadas a ciertos barrios y eran monopolio del Estado, que las administraba y percibía impuestos especiales por su rendimiento.  Sobre éstas se imponía una serie de limitaciones: no podían transitar por ciertas zonas de la ciudad, debían utilizar vestiduras especiales que permitieran identificarlas, y les estaba prohibido intervenir en los servicios religiosos.  

La vida de las dicteriades estaba rígidamente reglamentada, y sus costumbres eran controladas con mucha mayor severidad que las de sus equivalentes actuales. Pero al cabo de poco tiempo, la disciplina se relajó, bajo la influencia de las mujeres extranjeras que invadieron Atenas; las mismas lograron obtener tantas franquicias administrativas y policiales, que, al cabo de un siglo de la creación de los dicteriones, no era difícil encontrar a sus pupilas en los lugares sociales y hasta en el foro.

Dentro de la denominación genérica de cortesanas griegas se encontraban varios grupos, clasificados de acuerdo a las leyes que regían su actividad. Las pupilas del dicterion tuvieron durante muchos años, el carácter de verdaderas esclavas: eran adquiridas por el estado, que corría con sus gastos y necesidades, pero fijaba al mismo tiempo, la tarifa oficial de explotación para cada una de las mujeres del establecimiento

El rango superior lo ocupaban las auletridas o tañedoras de flauta, que tenían una relativa libertad de movimientos, ya que podían trasladarse a cualquier sitio. Iban, generalmente, a fiestas de hombres solos, en las que se podía tasar discrecionalmente su trabajo de artistas y danzarinas. La categoría más alta de las cortesanas griegas estaba formada por las heteras, palabra que significa "compañera". A diferencia de las pornai que eran, en su mayoría, orientales, las heteras eran por lo general mujeres de la clase de los ciudadanos, que habían perdido su respetabilidad o que se negaban a aceptar la vida de reclusión de las matronas atenienses.  

Las cortesanas griegas se apartaron de las simples dicteriadas y de las últimas prostitutas que habían comenzado a acudir a Atenas, y frecuentaron la intimidad de los grandes hombres del país, curtiéndose en sabiduría, como es notorio a lo largo de muchos ejemplos conocidos, como Aspasia que contrajo matrimonio con Pericles que ya estaba casado con Crisila, de la que tuvo que separarse para unirse a la hetaira pensadora, que llegaba a todas partes rodeada de su femenina corte de honor.

En la historia romana, en sus inicios, era casi nulo el meretricio, ya que no tenían todavía a Venus como diosa oficial. Las pocas prostitutas que había eran marginadas de la sociedad y debían vivir en los lugares más apartados de Roma. No podían casarse y llevaban un distintivo. Con la aceptación de los dioses Venus y Baco en el sistema religioso se incrementó el desenfreno sexual y alcohólico y con ello la prostitución. Ante esta situación se implantó leyes para frenar los excesos.

En la antigua civilización etrusca se conocía y admitía la prostitución, hasta el extremo de aceptar que muchas jóvenes formaran su dote con los fondos que recababan con su ejercicio

En 180 a.C. Marco Aurelio pone los cimientos en la reglamentación. La prostituta debía llevar su licencia stupri que sería la marca de la indignidad e infamia hasta su muerte. Además de ser vigiladas por censores, debían pagar a éste el impuesto vectigal creado por Calígula equivalente a la octava parte de su ganancia diaria, con lo que engrosaba el fisco. En el año 149 a.C. la Ley Scantinia de Nefanda Venere sancionaba no solamente a las mujeres que se prostituían, sino también incluía a los pederastas.

  Con el advenimiento del cristianismo, comenzó la lucha contra la prostitución. Dioclesiano, Anastasio I y Justiniano trataron de poner un dique a las costumbres licenciosas de la época, ayudando a la rehabilitación de las mujeres caídas, mediante la destrucción de los registros donde constaba su posición infamante, y la anulación de las incapacidades que pesaban sobre ellas. La nueva religión condenó la corrupción e hizo conocer el dogma del pecado mediante el cual se predicaba una moral muy severa que honraba la castidad y la continencia, y sancionaba la monogamia como ley sagrada. Las reformas más importantes de la nueva iglesia se realizaron en el terreno del sexo.

El paganismo había tolerado a la prostituta como un mal menor y necesario; la Iglesia Católica las atacó sin concesiones e impuso un patrón único de moralidad para ambos sexos. Su éxito no fue completo, ya que la prostitución continuó su camino en el ocultamiento y el disimulo; sobrevivió pese a tener que franquear barreras éticas y morales totalmente nuevas.

En el siglo IX Carlo Magno ordenó el cierre de todos los establecimientos donde las mujeres se permitían tener relaciones sexuales promiscuas y dispuso el destierro de las prostitutas. Pero dada la gran corrupción de las costumbres, las medidas legales resultaban inocuas. Durante la Primera Cruzada, algunas mujeres pagaban su viaje vendiéndose en las ciudades de la Ruta. Y las Cruzadas siguientes vieron engrosadas sus filas por numerosos contingentes de mujeres vestidas de hombres, que llegaron a crear verdaderos burdeles alrededor de la Tienda Real.

Pese a la devoción religiosa imperante en esa época se toleraba a las prostitutas por considerarlas un mal necesario: solaz para los soldados que combatían por el Señor y defensa de la moral de los hogares.  

 Durante el imperio de Diocleciano la prostitución bajó notablemente gracias a la reevaluación social y religiosa producida por el cristianismo. Con la caída de Roma en 414 d.C., los bárbaros decretaron leyes represivas contra la prostitución. Posteriormente, todos los emperadores cristianos se esforzaron en atajar y reprimir la prostitución. Constantino fue uno de los más fervientes defensores de la moral romana. Él limitó el libre accionar de los homosexuales, quienes hasta entonces no hallaban obstáculos para requerir servicios sexuales (de varones prostitutos). Todos los emperadores cristianos sin excepción, y Justiniano más que ninguno, se afanaron en consolidar las costumbres del imperio haciendo uso de todos sus recursos y todo su poder.

 La prostitución masculina, por otra parte, acabó por tomar tanto incremento desde el siglo V a.C. en Grecia y desde la época imperial en Roma, que llegó acaso al mismo nivel que la prostitución femenina. Tampoco era infrecuente que los hombres se prostituyesen a las mujeres, como se encuentra mencionado en el libro bíblico de Ezequiel y aparece en las poesías de Juvenal y Marcial.

3.2 La prostitución en la Edad Media

La Edad Media no rompió con las tradiciones de la antigüedad en lo referente a la prostitución, adoptando, por el contrario, muchos de sus puntos de vista.

Donde más claramente se observa esta continuidad es en el imperio Bizantino como puede colegirse de los escritos de Procopio. La capital de los emperadores de Oriente   ofrecía en el barrio de Gálata el aspecto de los antiguos centros de prostitución de Grecia y Roma: lo propio puede decirse de Chipre y Creta, que se hicieron célebres en este sentido. 

En general, la prostitución en las ciudades medievales y especialmente las del norte, adoptó la forma cerrada de los burdeles, aunque no faltaban casos de la ambulante en forma de danzarinas o tañedoras de arpa y cítara.

Entre los árabes se encontraban tales artistas con el nombre de mumisa, voz derivada del griego mimas, siendo muy celebradas en las poesías árabes como el Diván de Mutalami.

Los judíos habían mantenido las prohibiciones seculares de los libros sagrados con respecto a la prostitución, aunque la influencia griega se había traducido en una tolerancia muy extensa en la práctica. Flavio Josefo menciona ya la existencia de numerosas prostitutas por más que no parece hubiera una verdadera organización de las mismas entre el elemento exclusivamente judío.

Si el Talmud menciona casos que recuerdan las costumbres grecorromanas, es sólo por efecto de la influencia de las mismas, existiendo sectas intransigentes como las de los Esenios que vedaban toda relación sexual ilícita.

La sociedad cristiana no adoptó el punto de vista ascético y por tanto prohibitivo, sino que estableció la tolerancia desde los primeros tiempos, no faltando con todo, sus protestas y reacciones momentáneamente victoriosas.

En general, las prostitutas de la Edad Media ejercían su comercio como gremio reconocido, figurando en las entradas solemnes de príncipes en las poblaciones festejándoles con ofrendas de flores

Sólo en el oriente bizantino e islamita se hallan ejemplos que recuerdan los de las modernas urbes mundiales en esta parte. Donde más parece haberse concentrado el ejercicio de la prostitución es en las grandes villas universitarias, como Padua, Florencia, París, Heidelberg, Oxford y Salamanca.

En 1254, el Rey Luis IX decretó el destierro de todas las prostitutas de Francia, pero cuando comenzó a aplicarse el Edicto, se comprobó que la promiscuidad clandestina reemplazaba al anterior tráfico abierto, lo que indujo a revocarlo en 1256. El nuevo decreto especificaba en qué zonas de París podían vivir las prostitutas, reglamentaba su forma de actuar, la ropa que podían usar y las insignias que las caracterizaba, se las sometía a una inspección y control de un magistrado policial, que llegó a ser conocido bajo la denominación de “rey de los alcahuetes, mendigos y vagabundos”. 

En 1561, bajo el reinado de Carlos IX, se reeditó la ordenanza, con el propósito de combatir los estragos que el "mal de Nápoles" o sífilis hacía entre la población. En Génova y Venecia, la prostitución estuvo reglamentada administrativamente bajo la dirección de una mujer a quien llamaban "reina", que se encargaba de hacer respetar en forma estricta los reglamentos policiales.

En España ocurrió lo mismo, ya que la prostitución reglamentada tuvo una evolución análoga a la de los demás países en la época. En el siglo XV, las mujeres se agrupaban en mancebías enormes, cercadas por murallas, en las que su número llegaba a centenares. Estos establecimientos fueron reglamentados por Felipe II, suprimidos por Felipe IV, reimplantados por Carlos II, y legalizados, definitivamente, en 1865. 

En América, la mancebía más importante fue la que se denominó Casa de Recogidas, fundada en La Habana en 1776.

En Inglaterra había una cadena de burdeles cerca del puente de Londres, que en un principio obtenía su licencia del Obispo de Winchester y luego del Parlamento. En 1611 bajo el reinado de Enrique II se dictó una serie de ordenanzas, con las que se trató de evitar la propagación de las enfermedades venéreas. 

Con el advenimiento de la Reforma, las costumbres cambiaron totalmente, y se insistió sobre la necesidad imperiosa de castidad. En 1650, en Inglaterra se llegó a considerar la fornicación como una felonía, que al reiterarse podía acarrear la pena de muerte. A partir de este año las prostitutas comenzaron a ser juzgadas por tribunales civiles y no eclesiásticos. Se las condenaba por indecencia pública o alteración del orden. En 1751 comenzaron a cerrarse los burdeles y desde entonces la legislación se ocupa de las ofensas contra la decencia en lugares públicos y trata de castigar, especialmente a los intermediarios de la prostitución.

 En las mancebías estaban tratadas las mujeres como verdaderas esclavas, y lo propio acontecía en todo el Oriente musulmán, lo que se refleja en la literatura de aquel tiempo. Alfonso el Sabio de Castilla reglamentó ya la prostitución, ofreciendo cuadros vivos de ella las inmortales obras de Fernando de Rojas y del Arcipreste de Talavera .

 

3.3 La prostitución en la Edad Moderna

Desde principios del siglo XIX esta institución se generalizó en todas partes, y fue considerada por los distintos Estados como una necesidad desagradable a la que era necesario reglamentar y de la que era conveniente sacar beneficios pecuniarios. Estaba encuadrada dentro del aparato estatal, regido por normas de carácter policial e higiénico y, aunque rechazada por un cúmulo de conceptos morales y éticos, no podía negarse su existencia tanto real como legal.  Las leyes no disponen la abolición de la prostitución, sino la abolición de la reglamentación correspondiente, eliminan su carácter oficial.

 

3.4 La prostitución en la Edad Contemporánea

La prostitución reglamentada se impuso a lo largo de lo que podríamos considerar, época moderna, desde principios del siglo XX, esta institución se generalizó en todas partes y fue considerada por los distintos Estados como una necesidad desagradable a la que era necesario reglamentar y conveniente sacar beneficios pecuniarios. Estaba encuadrada dentro del aparato estatal, regido por normas de carácter policial e higiénico, y aunque rechazada por un cúmulo de conceptos morales y éticos, no podría dudarse de su existencia, tanto real como legal.

 

3.5 La prostitución durante la Colonia  en América

Con base en los Comentarios reales de los incas de Garcilazo de la Vega, mencionan a las pampairunas, que habrían efectuado cierta conducta "irregular", que, sin embargo, sería tan eventual que merece apenas mencionarse, además de no aportar datos exactos. Por ello, se parte el presente apartado con la prostitución durante la Colonia.

La prostitución parece haber llegado a América por la vía de la importación. Sin embargo, las nativas también fueron obligadas (de una u otra forma) a prostituirse.  

No se castigaba a las indígenas que eran seducidas, amancebadas o prostituidas por los españoles, recibiendo muy suavemente éstos [los españoles] las sanciones. Había también entre las muchísimas leyes de Indias varias tendentes a proteger el sexo débil indígena, tales como aquellas que prohibían que las indias fueran obligadas a acompañar en los viajes a los españoles y a salir de su residencia, igualmente que tampoco se aceptaba por las autoridades denuncias de amancebamiento con clérigos si éstas no tenían el resguardo de las correspondientes pruebas, a fin y objeto de poner a las mujeres indígenas a salvo de calumnias.

 La vida sexual de la época ofrece a la observación la característica del contubernio del sexo con la religión. Es notable observar que los hidalgos españoles o los "acaballerados" que desprecian a las indias racialmente, no las repugnan como sus queridas o sus prostitutas, formando con ellas verdaderos serrallos en sus haciendas o conviviendo con las mismas en la ciudad. Las aventuras de la Villa Imperial de Potosí, tan explotadas por los tradicionalistas, se inspiran en estos amores sádicos en los que se mézclale el amor y la muerte con la religión.

 

4. Leyes de profilaxis venérea y sobre prostitución

Hay una pregunta que mucha gente se hace: ¿la prostitución constituye un acto antijurídico? Puede constituir un acto degradante para mucha gente desde el punto de vista ético, pero no delictivo.

La prostituta  (la versión más representativa) es una trabajadora sexual, no una delincuente ya que su conducta, según la opinión mas generalizada,  no es delictiva, pero se benefician con su actividad terceros que si son delincuentes.

En nuestro país la prostitución se reglamentó en 1824 (regulación estatal del ejercicio de la prostitución en las casas de tolerancia).

En 1935 se modifica por una ordenanza municipal y en la Capital se hace “abolicionista” (supresión de las casas de tolerancia donde se ejerza la prostitución tomando auge las casas de tolerancia en las comunas limítrofes del Gran Buenos Aires).

La ley 12331 (profilaxis antivenérea) sancionada el 17/12/1936  promulgada  el  30/12/1936 y publicada en el  B. O.  11/1/1937, en su  artículo 15 dispone: “queda prohibida en toda la república, el establecimiento de casas de tolerancia o locales donde se ejerza la prostitución o se  incite a ella”, posición terminantemente abolicionista.

En 1944 por decreto ley 10638, se modifica el artículo 15 exceptuando al anterior en aquellos lugares donde el funcionamiento fuera autorizado por la Dirección Nacional de Salud Pública, con aprobación del Ministerio del Interior, sujetándose a las normas que se impongan por reglamentación; de esta manera se imponía un abolicionismo con tinte neo reglamentarista, en ciertas  circunstancias, como puedan ser en lugares geográficamente distantes y aislados.

El artículo 17 explicita que “los que sostengan, administren o regenteen, ostensible o encubiertamente casas de tolerancia, serán castigados con una multa de doce mil quinientos a ciento veinticinco mil pesos.” (Multa actualizada conforme la ley 24.286).

En ese mismo año 1944,  se modifica el Art. 17 de la ley 12331, estableciendo que el simple ejercicio de la prostitución por la mujer en su casa, en forma individual e independiente, si afectar el pudor público no constituye delito alguno. En otras palabras la ley suprime el prostíbulo no la prostitución. Ambos derogados posteriormente derogados por ley 16.666.

 

Como una medida política, los gobiernos en general suscriben instrumentos internacionales de corte abolicionista cuando se  refieren a la problemática del trabajo sexual comercial (T.S.C). Por  ello, en sus legislaciones penales, federales o locales, el ejercicio de la prostitución no aparece tipificada como delito. Sin embargo, en los niveles locales persiste el prohibicionismo, tanto en disposiciones municipales y en reglamentos administrativos como en las disposiciones  policiales.

En lo que difieren los tres sistemas es en el tratamiento legal que otorgan a las personas involucradas. En estos sistemas todo gira alrededor de la prostituta. Se le considera, según sea el caso, como delincuente (prohibicionismo), víctima (abolicionismo) o un mal necesario (reglamentarismo).

Para el Estado moderno, fundado en la democracia, en las libertades individuales, en los Derechos Humanos y en el respecto por la diversidad, ninguno de los tres sistemas da respuesta a los reclamos por lograr que los derechos de los(as) trabajadores(as) sexuales sean respetados. Además, no consigue un combate eficaz en contra de la explotación sexual de niñas, niños, varones y mujeres adultos.

Cada vez menos en los países civilizados en que las disposiciones jurídicas se limitan a prescindir de la prostitución sin tomarla en cuenta, existen dos posiciones: la que la declara como delito o, al menos, como falta, y la que admite su legalidad, pero dentro de una reglamentación.

 

4.1 Sistema Reglamentarista 

Bajo el sistema reglamentarista, el Estado asume el control de la actividad. Delimita los espacios públicos y privados, sus horarios y características. Identifica y registra la oferta, a través de licencias o de credenciales, y a partir del reconocimiento del riesgo de contagio de infecciones de transmisión sexual (ITS). Ejerce un sistema de control médico obligatorio, estableciendo los mecanismos de supervisión, además de identificar los lugares clandestinos de comercio sexual.

La prostitución, bajo esta postura, es un mal necesario que se debe controlar cuidando la higiene de la población. Con esta visión se llega a equiparar a los TSC como transmisores de enfermedades. Se dice, incluso, que la reglamentación en el plano ideológico está orientada a garantizar al cliente el acceso a los servicios sexuales en condiciones de supuesta higiene, protegiendo con esto sus intereses, y dejando de lado los del TSC. Además, la posición reglamentaria, es típica de los países latinos, habiéndose iniciado en Francia, a lo cual añade la consideración de que "la prostitución es un mal menor y necesario".

Así, puede destacarse la función pública que cumple la prostitución. En especial el TSC femenino actúa como válvula de escape a una sexualidad masculina no canalizable por otras vías. Actúa como compañía y alivio a la soledad del hombre y es, en última instancia, un mecanismo de prevención de la violación y el abuso sexual a otras mujeres y otras poblaciones vulnerables (niños, niñas, ancianos).

En la actualidad, producto de la ausencia de un Reglamento que norme esta actividad, permitiendo identificar derechos y obligaciones de las y los TSC, como también de los dueños de locales, clientes y autoridades civiles y policiales en relación a esta actividad, se sucede una serie de violaciones a los derechos fundamentales de las personas, lo cual promueve una espiral de violencia que muchas veces es ocultada, favoreciendo así la continuidad de una situación intolerable en un Estado de Derecho.

 

4.2. Sistema Prohibicionista

La represión penal es la característica principal que define a este sistema. Los países que lo practican tienen como política el tomar acciones policíacas ante cualquier oferta sexual, pública o privada que implique una retribución monetaria. Se pretende eliminar tanto la reglamentación como el ejercicio de la prostitución. Para el Estado, en este sistema, la persona que practica el TSC es un delincuente y deberá responder ante la justicia por su conducta o en el mejor de los casos se le enviará a un establecimiento de re-educación o de reincorporación social hasta que se logre el objetivo de eliminar el TSC.

Los bienes jurídicos tutelados son la moral pública y las buenas costumbres, argumento que deja de lado el libre acuerdo de personas que no afectan a terceros persiguiendo, incluso, los servicios que se otorgan en lugares privados. En un amplio sector de la doctrina jurídica prevaleció esta corriente que, siguiendo a César Lombroso, establece una equivalencia entre TSC y delincuente. En el extremo de este sistema, el cliente es visto no como sujeto activo del hecho antisocial, sino más bien como víctima de la "invitación escandalosa" de la prostituta.

Es típica de los países anglosajones. Implica la creencia de que el instinto puede y debe satisfacerse sólo en las salidas reconocidas por la moral y por la ley, o sea, dentro del matrimonio. Se basa en experiencias recogidas por la geografía y por la historia, según las cuales hay y ha habido pueblos que practicaban la castidad extramatrimonial; al mismo tiempo, toma en cuenta las opiniones de la medicina moderna, según la cual un régimen de abstinencia sexual es –salvo casos especialísimos-, perfectamente compatible con un estado de salud.

 

4.3. Sistema Abolicionista

Actualmente, el sistema abolicionista predomina en el escenario internacional. Se fundamenta en la consideración de que toda prostitución es una explotación del cuerpo del ser humano, y que la reglamentación de la actividad sólo consigue perpetuar esta injusticia. El TSC no es considerado como delincuente, sino más bien como víctima del tráfico humano, sujeto a rehabilitación, incluso contra su voluntad.

Esta corriente tiene sus inicios en el siglo XIX como parte del feminismo británico. Posterior a la promulgación en Gran Bretaña de la Ley de Enfermedades Contagiosas en 1869, surge la figura de Josephine Elizabeth Grey Buttler, pionera y líder del movimiento que se oponía principalmente a los exámenes médicos forzados, al registro policíaco de las prostitutas y a la reglamentación de su actividad. Grey Buttler funda en 1874 la Federación Abolicionista Internacional (originalmente denominada Federación Continental para la Abolición de la Regulación de la Prostitución) con delegaciones en la mayoría de las naciones europeas y en Estados Unidos.

Una cantidad importante de los gobiernos en Occidente adopta la tesis abolicionista en parte por la presión internacional generada sobre el tema, siendo que las leyes prohibicionistas que sobrevivieron a la segunda mitad del siglo XX se enmarcan en una tendencia de moralización de la post-guerra. Más allá de los principios humanitarios en que se inspira el abolicionismo, éste fue retomado como consecuencia del fracaso del prohibicionismo.

Los sistemas abolicionistas son en realidad una combinación entre la abolición de la normatividad general sobre la prostitución y el mantenimiento de la prohibición instrumentada a través de medidas coercitivas en los niveles locales o municipales. En teoría, al ser considerada como víctima, la prostituta no es detenida, sino sujeta a programas de tratamiento y reeducación.

El sistema abolicionista persigue a aquellos agentes que inducen, mantienen, permiten y se benefician de la prostitución ajena. Bajo los tipos penales de lenocinio, corrupción de mayores y menores, tráfico de personas, entre otros, los beneficiarios son perseguidos para imponérseles sanciones que llegan hasta la pena de muerte en el caso de China.

 Algunos juristas como Jiménez de Asua recomiendan el sistema abolicionista de manera optimista, ya que "libera a las prostitutas de sus explotadores –tratantes de blancas, proxenetas y rufianes-, y la deja libre, sin más obligaciones que tratarse si está enferma y respetar el decoro público”. El mencionado autor señala, además, que la esencia del abolicionismo no es castigar a las prostitutas. 

Otro aspecto que debe tomarse en cuenta es que en este sistema se pierde el control de las ITS o su antigua denominación de  ETS (Enfermedades de Transmisión Sexual), arriesgando a la sociedad a una epidemia, debido a que el TSC pasa automáticamente a ser clandestino, lo cual imposibilita la detección y seguimiento de casos.

 

5. Los delitos sexuales en la Argentina

Los delitos sexuales presentan jurídicamente un nuevo encuadramiento con que la ley 25.087 sancionada el 14/04/99, promulgada el 07/05/99 y publicada en el B.O. el 14/05/99, conceptualiza el título III  del CPA, tiene como base que el bien jurídico tutelado, a partir de esta reforma, es la integridad sexual de las personas, independientemente de cualquier otra consideración  y partiendo de un concepto más amplio.

La nueva legislación  incluye  varios delitos sexuales de origen casuístico, con un ordenamiento nuevo, protegiendo la totalidad  o integridad de la persona y sus derechos sexuales, su derecho individual a disponer de su persona y de su sexualidad.

En consecuencia, la nueva ley le brinda tutela a  la  “integridad sexual”  y se caracteriza por el derecho de las personas a tener capacidad para expresarse válidamente, a tener un libre y consciente trato sexual o a no tenerlo contra su voluntad, y a la intangibilidad sexual de quienes, por ser menores de ciertas edades o incapaces, no pueden manifestar válidamente su consentimiento.

Dentro de los delitos sexuales podemos observar  solo cuales pueden estar indirectamente vinculados a la prostitución

 

En el nuevo encuadre jurídico se pueden observar delitos:

 Contra la reserva sexual:

           a) Abuso sexual (Art. 119, párrafo 1º)

b) Abuso sexual que implique un sometimiento gravemente ultrajante para la víctima, por su duración o por las circunstancias de su consumación (Art. 119, párrafo 2º).

c) Abuso sexual con acceso carnal (Art. 119, párrafo 3º) 

d) Abuso sexual con aprovechamiento de la inmadurez de la víctima (Art. 120). 

e) El rapto (Art.130).

 

Contra la normalidad y rectitud del trato sexual:

a) Promoción y facilitación de la corrupción de menores (Art.125: menores de 18 años, párrafo 1º, y de menores de 13 años, párrafo 2º).

b) Promoción y facilitación de la prostitución (Art. 125 bis: menores de 18 años, párrafo 1º y de menores de 13 años, párrafo 2º).

c) Proxenetismo (Art. 126)

 

Contra la moralidad sexual:

a) Rufianería (Art. 127).

b) Trata de personas menores de 18 años para ejerzan la prostitución, con sus agravantes, (Art.127 bis).

c) Trata de personas mayores de edad (Art. 127 ter).

d) Producción, publicación y distribución de imágenes pornográficas en menores de 18 años (Art. 128 párrafos 1º y 2º).

e) Facilitación del  acceso de menores de 14 años a espectáculos pornográficos y suministro de material de ese carácter (Art. 128, párrafo 3º).

f) Exhibiciones obscenas (Art. 129)

 

6. Causas de prostitución detectadas

Cuando se habla de prostitución, se acostumbra a pensar que solo atañe a las mujeres, pero tal presunción es falsa, existe prostitución femenina y masculina, de adultos y de menores, pero es el hombre quien la crea, quien se beneficia con ella.

La pregunta que surge es: ¿Cabe hablar de predisposición a la prostitución? Los investigadores en general sostienen que las posibles causas de la prostitución nunca son únicas, pero a la causa detonante siempre se asocia a una causa de base que es una personalidad predisponente latente que cualquier factor social puede desencadenar, dicen: no es prostituta la que quiere sino la que puede.

Es común observar en la personalidad de la prostituta que, ni el erotismo ni satisfacción en el acto sexual forma parte de su actividad profesional, es decir, que no existen prostitutas por necesidad sexual. Que la belleza física no es indispensable para su trabajo y que están directa o indirectamente relacionadas al accionar de un  proxeneta.

Entre las causas detectadas se pueden mencionar:

 

a) Pobreza y condiciones de vida : muchas mujeres agobiadas por una situación económicas y sin aparente salida honesta, al enfrentarse con la realidad de ganar en una sola noche el mismo o mayor cantidad de dinero, que una semana de sojuzgante trabajo honesto, no dudan en la elección, aunque sea como una salida de “emergencia”, luego su equilibrio emocional se deteriora y se impulsan a una desenfrenada carrera por la obtención de dinero, ropas caras, joyas, etc., a la que una ambición revanchista y desmedida no puede poner coto.

 

b) Promiscuidad y marginalidad: es conocido el problema social que representan las “villas de emergencia” para la capital y el Gran Bs. As, son madrigueras de gente marginal y focos de epidemias no siempre controlables sanitariamente dadas las deplorables condiciones de higiene. Allí viven familias apiñadas que duermen todos juntos en una promiscuidad en que las intimidades prohibidas se hacen inevitables exacerbadas por el alcohol y las drogas. Algunas adolescentes pasan por la experiencia ingrata de ser asaltadas por jóvenes maleantes, naciéndoles un solo pensamiento: escapar del medio. Para lograrlo se van con el primer hombre que le promete protección y tras algunos engaños la prostitución suele ser el fin de sus existencias.

 

c) Madres solas: suele suceder  que adolescentes quedan embarazadas y luego son dejadas por su compañero que no les reconoce el hijo quedándose solas emocionalmente desprotegidas y a veces sin contención parental. Pero siempre hay alguna amiga que ve las cosas desde un punto de vista práctico y le propone salidas “inocentes” con hombres para ganar fácil dinero y poder darse el lujo revanchista de adquirir vestidos llamativos que son la envidia de sus amigas “decentes”.

 

d) Factores de índole sexual: insatisfechas sexualmente muchas mujeres  no vacilan en cambiar de parejas en busca de la satisfacción no lograda y pueden terminar en remuneración aunque le siga  faltando aquel.

Con más frecuencia de lo que puede suponerse existen prostitutas sado masoquistas y lesbianas.

La anorgasmia de las prostitutas es un hecho conocido y favorece o da oportunidad a que muchos hombres puedan realizar el aislamiento neurótico del goce y la ternura, Son aquellos que por inhibición emocional no pueden “desear allí donde aman, y no pueden amar allí donde desean” porque se angustian. A las prostitutas les sucede lo mismo. Entregan su cuerpo, pero no su mente, que permanece ausente en una fantasía alejada de la realidad.

 

e) Coerción: existen mujeres que al solicitar trabajo decente, son puestas a “prueba” en su honestidad, por medio de insinuaciones de hombres de cierto status social que las extorsionan amparándose en el cargo que ocupan, les truecan un puesto importante a cambio de aceptación de sus requerimientos sexuales. Estos señores a los genéricamente se lo suele llamar “ejecutivos”, muchas veces son los responsables de desencadenar  conductas prostituidas. Cuantas aspirantes a locutoras, actrices, secretarias, modelos, sufrieron este proceso para poder llegar a tener un status dentro de su profesión.

Ciertas mujeres enmascaran su verdadera profesión (prostitutas), simulando tener  ocupaciones decorosas con las que justificarse ante el “mundo” como una pantalla, y en realidad son las replicas argentinas de las “call girls” americanas. Practican  la prostitución de alto nivel, son las chicas que a cambio  de suculentas remuneraciones son requeridas por importante empresas para “amenizar” una reunión de ejecutivos sobre todo cuando hay que concretar importantes negocios con otras empresas o cuando llegan hombres de empresas extranjeras a los que hay que “agasajar” convenientemente. También a nivel individual hombres de dinero sobre todo de cierta edad contratan mujeres para tener relaciones fugaces muy discretas, concertadas por anticipado  casi siempre por medio de alguna compañía hotelera de gran prestigio que tienen listas completa de mujeres catalogadas por precios, grados de cultura, idiomas que hablan, edad, etc., que actúan como “escorts” (acompañantes) por el tiempo que se estipule. Sin hablar de las que pululan por ciertas confiterías o lugares de reunión (en la jerga “gatos”) a la espera de lograr “levantar” a ciertos personajes para poder resolver sus ambiciones personales y requerimientos económicos.

Es frecuente también observar sistema de “empresarios” o “manager” que dan ofertas de trabajos o contactos de negocios, relaciones públicas, agencias, etc., y hombres de cierto status social prometen un puesto importante a cambio de aceptación de sus requerimientos sexuales.

Por otra parte existen prostitutas lesbianas que ejercen el rol de rufianas y que inician a otras en la prostitución.

 

f) Otras causas: concadenadas con las causas mencionadas se asocian factores como el desempleo y subempleo, la violencia y desintegración familiar, los abusos sexuales, decepciones amorosas y abandono, marginalidad y discriminación, alcoholismo y drogadicción, infecciones de transmisión sexual, etc

 

7. Perfil psicológico observado de la prostituta

Dentro de los rasgos más salientes del perfil de una prostituta  se observan: cierta limitación intelectual, inestabilidad emocional, inconstancia y abulia laboral. Proclividad al desorden financiero, el derroche y al lujo ostentoso. Conductas irreflexivas superficiales y transgresoras. Tendencia a la diversión y aturdimiento en una supuesta vida dedicada a pasarla bien, que contrasta con el pesimismo y desesperanza con que vivencia su futuro. Falta de discernimiento entre lo verdadero y lo falso. Espíritu aventurero irreflexivo sin medir las consecuencias. Cierta ingenuidad y credulidad en las promesas de terceros.

El orgullo de ser explotada, hecho que facilita la participación de un proxeneta.  

Entre los factores sociales que la impulsan se encuentran: a) La ausencia de un soporte material, moral, afectivo y social como un importante factor en cualquier nivel de prostitución, b) la soledad familiar y las dificultades económicas, c) habitualmente el estar relacionadas  con parejas indiferentes, sin trabajo,  abúlicos que toleran pasivamente su actividad prostituida.

 

 8. Tipologías

Entre las conductas actuales observadas a veces no es sencillo delimitar entre una conducta liberal y una prostituida; una sexualidad libre, de una sexualidad promiscua y sobre todo las manifestaciones de una prostitución enmascarada.

Se describen diversas tipologías relacionadas a la actividad prostibularia:

 

a) Las explotadas

Aquí aparecen las:

Mancebas: viven en un burdel controladas por la madama.

Sedentarias: ocupan pequeños cuartos donde viven y trabajan,  explotadas por proxenetas.

Coperas o cabareteras: trabajan en cabaret y bares nocturnos.

Bailarinas: trabajan en clubes nocturnos

 

b) Las semi independientes

“Gatos”: figuran  en “books” de hoteles de lujo y   el administrador arregla la tarifa. Suelen trabajar socialmente en otra cosa.

“Calls girls”: trabajan bajo el sistema de citas telefónicas con clientes conocidos exclusivos o recomendados

“Escorts”: venden compañía y servicios sexuales a clientes reunidos en congresos o reuniones como compañeras de noche, viaje o paseo.

 

c) Las vividoras

Mantenidas: viven con un hombre a cambio de subsistencia por un lapso incierto, desempeñando tareas de “pareja” sin hijos.

Oportunistas: son mujeres que para acceder  a un empleo, ascenso o prestaciones acceden a solicitudes sexuales de su jefe, líder o patrón.

 

e) Las independientes

Trotacalles o patinadoras: deambulan por las calles, centros comerciales y terminales. Usan hoteles. Son las que se muestra a la vista y son conocidas por todos. Se exponen y están a merced de la policía. Algunas con protección del rufián, otras luchan por el territorio. Las prostitutas en parques, bosques y jardines abiertos al público revisten formas singulares (siempre expuestas al peligro o amenaza permanente)

Itinerantes o ruteras: siguen las rutinas de los camioneros, viajantes, etc., en las rutas, las carreteras, refugios, paraderos, etc.

Habitúes de bares y confiterías: se sientan en mesas esperando el “levante” del parroquiano.

Masajistas: publicitan en forma enmascarada  su verdadera actividad  en páginas clasificadas de diarios.

 

9.  El Proxeneta rufián o alcahuete

Constituye en la persona que fomenta la actividad del TSC. Varón o una mujer con los contactos suficientes para promover, facilitar o contribuir a la prostitución de personas de cualquier sexo.

Es un tercero que se entromete entre dos personas, para que una acceda al deseo carnal de la otra. La figura de rufián está contenida en el Código Penal.

Las Características del proxeneta:

 

A) Ocasionales o circunstanciales: clientes que terminan siendo el “capricho” de la prostituta. Amigo de la prostituta que le pide dinero en forma sistemática. Delincuente excarcelado sin trabajo al que protege.

B) Los habituales: perezosos, abúlicos atraídos por la vida fácil y dispendiosa que comparten la vivienda con su “protectora”. Vividores con condenas reiteradas por proxenetismo. Violentos por adicción por el dinero.

C) Los profesionales: distantes fríos comerciales “empresarios” del sistema o “managers”. Manejan ofertas de trabajo, contacto de negocios, relaciones públicas, agencias, etc. Prostitutas lesbianas que ejercen el rol de rufianas

 

10. El prostituto

Los bisexuales “taxi boys” son aquellos varones que ofrecen sus servicios sexuales tanto a varones como a mujeres.

El prostituto recibe diferentes denominaciones: “gigoló”, “taxi boys”, “bufarrón”, “striper”, etc.

El varón travestista que se prostituye ofreciendo sus servicios sexuales exclusivamente a hombres, asumiendo ambos roles: activo y pasivo.

La caracterización de la prostitución masculina:

 

a) Se relacionada con la homosexualidad,

b) Suele ser más marginal y violenta que la femenina,

c) Sin organización como la prostitución femenina,

d) Generalmente la ejercen travestistas que se acercan (a diferencia de las prostitutas que esperan ser escogidas), a los  clientes que son  habitualmente varones bisexuales casados que sienten mutilada su parte homosexual por represiones familiares o sociales y encuentran en la prostitución homosexual una forma segura y tranquila de satisfacción de sus necesidades sin arriesgarse o comprometerse. Los servicios que ofrecen incluyen gran variedad de posturas y prácticas y los dan en un hotel cercano, en un coche o en un departamento.

e) También suelen ser taxi boys  que prestan servicios bisexuales. Las mujeres pagan mejor.

f) Se ha observado una mayor asociación a drogadicción. No se encuentran organizados como la prostitución femenina. No hay un servicio de salud o de asistencia social dentro de un marco integral para un mejor acercamiento al fenómeno.

 

11. Los clientes  

El cliente es una categoría de sumo interés, tomando en cuenta que éste es el alma y la razón de la existencia del TSC. En la temática del TSC existe una relación en la que interactúan dos fuerzas: la oferta, constituida por el o la TSC, que ofrece sus servicios, a uno o varios clientes a cambio de una remuneración o compensación no siempre económica por una parte y, por otra, la demanda, constituida por los clientes, quienes desean satisfacción sexual y pagan por conseguirla.

En su generalidad, el cliente es anónimo. Tiene derecho al respeto y jamás se le inquieta. Sin embargo, uno debe preguntarse quién hace vivir a los proxenetas y a las prostitutas, y necesariamente llegará a la conclusión de que es el cliente, quien se constituye en otro de los actores principales que promueve y fomenta el TSC.

Uno puede interrogarse sobre las motivaciones de los clientes, quienes acceden a este tipo de servicios. Pero las respuestas son pocas, ya que los mudos de la historia son los clientes. Sin embargo, se puede afirmar que en líneas generales los clientes al recurrir al TSC femenino buscan remedio a dos clases de trastornos:

a) los problemas relacionales (timidez, impedimento anímico y carencia de afecto),

los problemas psicosexuales  (disfunciones como la eyaculación precoz, desviaciones sexuales, etc.).

En lo referente al TSC masculino, se puede advertir que los clientes varones desean satisfacer sus impulsos homosexuales con estos servidores sexuales, en tanto que se puede presumir que las clientes mujeres manifiestan una insatisfacción sexual con su pareja formal, o bien por que buscan una aventura informal sin complicaciones de otro tipo.

 

12.  Prostitución infantil

La prostitución infantil y juvenil es otro gran problema, ya que atenta    contra un grupo altamente vulnerable y desprotegido. Ésta generalmente se debe a problemas de pobreza, la cual se ve agudizada debido al régimen económico en actual vigencia.

Se  identifican las siguientes características sobre la prostitución infantil y juvenil  en especial en América Latina:

La agudización de las deudas de los países pobres y la profundización de la dependencia de éstos hacia los países desarrollados, hacen que, en el caso de  la prostitución infantil, se utilice como estrategia de supervivencia de los sectores más empobrecidos ya no como una opción de vida, sino una forma de esclavitud.

Pero existen otras formas de prostitución infantil que no están directamente relacionadas con las situaciones de exclusión socio-económica y política más críticas, sino más bien determinadas por elementos axiológico-culturales como el consumismo y la presión hacia el éxito.

Así a  los determinantes económicos se suman factores culturales que reproducen y mantienen la situación de opresión de la mujer. La prostitución es una expresión de esta opresión, pero también, de la opresión a otros grupos vulnerables como niños, niñas y adolescente. Si bien se reconoce que también existe prostitución de varones, se entiende que la mayoría son niñas y jóvenes de sexo femenino.

Los Medios de Comunicación Social entregan contenidos y mensajes que contribuyen al desarrollo de una sexualidad malsana que utiliza a la mujer y los niños como objetos publicitarios.

Los sistemas legales de nuestro país presentan serias deficiencias en relación a los menores: no existen mecanismos efectivos de protección ante situaciones de explotación, abuso y maltrato, ni tampoco voluntad política para generarlos.

Las autoridades en muchos casos, lejos de resguardar los derechos ciudadanos, establecen redes de complicidad con quienes detentan el poder económico ligado a la explotación sexual. Estas redes tienen distintos niveles de visibilidad en los países.

Los servicios de salud no están preparados y no posibilitan el acceso a un grupo importante de los sectores excluidos y menos aún a niñas en situación de prostitución, lo que implica que éstos estén mucho más desprotegidos que los adultos prostituidos y por lo tanto más expuestos a enfermedades venéreas y el Sida.

 Los problemas no terminan con el hecho de que un niño, niña o adolescente se prostituya. La sociedad en general ingresa en un período de franca descomposición, lo cual implica un deterioro general en las condiciones de vida, una pérdida de valores y una agudización de la anomia. También es importante considerar que un niño o niña no puede, debido a su edad y todo lo que ello implica, discernir entre salud y enfermedad, prevención y cómo realizarla. Por ello está más expuesto a enfermedades, drogadicción y embarazos.

Además, se debe considerar que en muchos hogares cuya cabeza es una mujer que ejerza la prostitución existe una criatura que recibe pautas que facilitarán su ingreso a la prostitución. Por otra parte, está el hecho de que el aumento en el número de mujeres infectadas generará mayor demanda de prostitutas "seguras", suponiendo que aquellas de menor edad han tenido menos oportunidades de contagio.

Como se podrá observar, las condiciones de vida en la calle o en el medio de la prostitución generan mecanismos de adaptación, que pueden afectar la posterior inserción en otros ámbitos. La violencia en este medio determina la creación de lazos de solidaridad en el grupo de pares, pero también el deterioro de la autoestima.

Existen casos en los que niños, niñas o adolescentes son forzados a prostituirse por presión física o coerción por parte de una persona adulta (muchas veces inclusive por parte de los padres). Este proceso se ve frecuentemente ligado al secuestro.

 

 

13. Infecciones   de Transmisión Sexual (ITS)

 Las (ITS), son también conocidas como enfermedades venéreas o enfermedades de transmisión sexual (ETS), y son afecciones contagiosas, producidas por microbios o virus que habitualmente se transmiten a través de las relaciones sexuales, es una problemática directamente relacionada sanitariamente con la prostitución.

Las más importantes por su frecuencia son la sífilis y la gonorrea. Otras enfermedades venéreas son el herpes simple, el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), la tricomoniasis, el chancro blando, el linfogranuloma inguinal, el granuloma inguinal, etc.

Casi todas ellas pueden transmitirse de la madre embarazada al embrión o feto, por la placenta. Algunas, como la sífilis y el SIDA, lo hacen también a través de las transfusiones sanguíneas.

Respecto a esta última enfermedad, cabe aclarar que el SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida) es causado por el VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana), el virus que ataca al sistema inmunológico del organismo. Aunque el término de SIDA es ampliamente usado para fines médicos, ha sido sustituido por clasificación que describe etapa por etapa la infección por el VIH. El SIDA se refiere sólo a los últimos estadios de la supresión del sistema inmunológico.

 

14. La dignidad de la persona y la moral

La consideración de la dignidad de la persona pasa por reconocer lo que se entenderá por tal expresión. Su tratamiento implica el reconocimiento de la individualidad del hombre, sus potencialidades, así como sus limitaciones.

Quizá la concepción que más se aproxime a estos postulados sea la de Luis Recaséns, quien señala: "El pensamiento de la dignidad consiste en reconocer que el hombre es un ser que tiene fines propios suyos que cumplir por sí mismo, o, lo que es igual, diciendo en una expresión negativa, la cual tal vez resulta más clara, el hombre no debe ser un mero medio para fines extraños o ajenos a los suyos propios”.

Podemos observar que los derechos humanos suponen el imperio del derecho y la existencia de una democracia constitucional en la cual los principios de legalidad y legitimidad sean reconocidos. Fuera de esto, el respeto de los derechos supone necesariamente un sistema de protección, siendo el más deseable el jurisdiccional

La humanidad, al reconocerse superior a los demás seres vivos y al sentirse sus miembros poseedores todos ellos, sin excepción, del atributo del raciocinio y la inteligencia, establecieron las condiciones de su igualdad, sobre la que reposa la dignidad, que es la valorización exacta y el respeto de la condición del hombre.

En el caso de las y los TSC, como en muchos otros, estos principios de validez universal son muchas veces pasados por alto, y unas personas se sienten con potestad de juzgar y condenar a otras, por el simple hecho de subsistir por medios distintos, tildándolas de "pecadoras", "promiscuas" y otras cosas, olvidando, muchas veces, "la viga que llevan en el ojo propio".

 

En la actualidad se define la moral como la ciencia que se ocupa de enseñar a los hombres a distinguir el bien del mal, de acuerdo a las conveniencias y al grado de evolución de cada sociedad. Por eso es que la moral es variable según los pueblos. En los pueblos primitivos, se considera que es un bien dar muerte a los padres ancianos para que no sufran, pero en los pueblos civilizados tal cosa se considera como un crimen.

¿Es la prostitución un acto inmoral?, ¿o es más bien inmoral juzgar y condenar a quienes viven de esta actividad sin antes comprender el drama que significa para estas personas vender sus servicios sexuales, corriendo muchos riesgos con personas desconocidas? ¿Qué está bien y qué está mal en toda esta actividad? La naturaleza humana, y sobre todo el discurso del poder muchas veces condena lo que práctica, produciéndose así una doble moral.

 

15.  Prostitución: entre la ilegalidad y la condena social  

El denominativo actual de TSC debería implicar un reconocimiento legal por parte del Estado. Sin embargo, en los hechos se ve cómo las actividades de las y los TSC oscilan entre la legalidad de un trabajo como cualquier otro y la cuasi ilegalidad de una estrategia de supervivencia.

 En el caso de las estrategias de supervivencia, en cambio, se observa que éstas están ocasionalmente asociadas al delito, sin incurrir necesariamente en éste. Sin embargo, el carácter marginal de éstas implica que quienes apelan a las mismas sufran una condena y estigmatización social, lo que deriva frecuentemente en actos represivos por parte de elementos de la institución del orden.

En suma, las estrategias de supervivencia implican para el sujeto que apela a éstas el tener que vivir en permanente confrontación con el Estado y sus instituciones, desamparado de la protección integral de sus derechos fundamentales y potencialmente víctimas de algunos elementos de las instituciones estatales.

 Uno de los puntos habitualmente pasados por alto en este tipo de investigaciones académicas es la consideración  es que se está analizando personas y se debe tomar en cuenta la dimensión humana de éstas, recordar que son personas como cualquier otra, capaces de sentir dolor, frustración, alegría, angustia, y todos los sentimientos, los más elevados y los más bajos, como cualquier otro ser humano.  

 Los  varones, en particular los americanos, no ven en una “call girl” más que un objeto sexual. Tal vez es así como consideran a todas las mujeres, tal como dicen las mujeres liberadas.

Conviene plantearnos el siguiente interrogante: ¿cómo viven las prostitutas?

La prostituta, sobre todo cuando su TSC  es de bajo nivel social presenta las siguientes características:

desarrollan sus actividades en ambientes malsanos;

no duermen bien;

no comen bien;

se exponen a los diversos tipos de infecciones transmisibles sexualmente;  

se someten a caprichos, depravaciones y desviaciones de los clientes;

soportan el mal carácter de los clientes y los atropellos de autoridades;

ingieren bebidas alcohólicas para soportar los malos tratos de los clientes;

al confrontar situaciones de embarazos no deseados, los abortos son frecuentes y se los practican en condiciones de riesgo para la salud y la vida de las TSC;

en caso de enfermar, deben resignarse a perder su lugar en los locales nocturnos, incrementándose de esta forma el TSC clandestino, con lo cual sus condiciones de vida también sufren una degradación;

tienen una autoestima baja;

rompen sus vínculos familiares, contentándose con enviar dinero a sus parientes más cercanos, ocultando sus actividades.

 

 Si bien es cierto que el ambiente en que desenvuelven sus actividades las y los TSC dispone a estas personas de alguna manera para la comisión de delitos (generalmente hurto o, máximo, tráfico de estupefacientes), no es menos cierto que la posición de estas personas corresponde muchas veces al de la víctima.

Sobre la definición de víctima, puede afirmarse que víctima es no sólo el sujeto individual, sino también una colectividad, en tanto y cuanto se viola alguno o algunos de sus derechos legalmente reconocidos.

En el caso de las y los TSC se les puede considerar víctimas en los siguientes casos:

por su condición económica y social, existe un trato discriminatorio tanto en dependencias policiales como de salud;

Muchas veces se priva de libertad a estas personas ante una denuncia no comprobada;

Se les trata en forma humillante o degradante siendo estigmatizadas por la sociedad;

Se desconoce su personalidad jurídica (su status como persona);

No se les reconoce, en los hechos, una protección integral, sino que se les margina de las disposiciones legales que rigen para todos;

Se les niega el derecho a ser escuchadas públicamente;

Cuando los medios de comunicación masiva cubren alguna noticia relacionada con esta población, se las muestra como delincuentes, pasando muchas veces por alto que se trata de personas que no tienen otra forma de sobrevivir;

Se vulnera su derecho a la privacidad;

No pueden desplazarse libremente, sino que sufren el control permanente;

Se les niega, mediante mecanismos no escritos, la asociación para la defensa de sus intereses en común

Se les niega la seguridad social y una jubilación digna;

Por sus condiciones de vida, no tienen derecho a descanso vacacional;

Su maternidad no está garantizada y la dignidad de sus hijos se encuentra permanentemente amenazada;

Carecen de oportunidades para mejorar su nivel de instrucción;

Se las margina de la comunidad;

Sufren, en algunos casos, el tráfico de personas o comercio carnal en gran escala.

 

 

16.  Reflexiones finales

La prostitución parece haber existido desde los orígenes de las formaciones sociales humanas. Los diferentes datos consultados dan cuenta de al menos tres tipos de prostitución: la hospitalaria (que no perseguía el lucro); la sagrada y la moderna.

La prostitución existe en todas las sociedades modernas, de una manera u otra, y es más frecuente en las ciudades que en las áreas rurales.

Las y los TSC provienen, en su mayoría, de hogares pobres, con serios problemas en cuanto a su composición interna, lo que deriva frecuentemente en la desintegración familiar. Además, presentan un nivel de instrucción bajo, lo cual dificulta su acceso a un mercado laboral con mejores condiciones para su desarrollo como personas.

En el caso particular de las mujeres, se observa que el embarazo precoz y no deseado es una causa adicional que las impulsa a ejercer la prostitución.

Tienen perspectivas limitadas, el acceso restringido a bienes de consumo y servicio.

La falta de un control sanitario   lleva a algunas personas de este sector a una situación de ilegalidad y de atentado a la salud.

 Permite identificar a las personas que ejercen la prostitución como víctimas, en primer lugar de las circunstancias que las empujan a esta actividad, y en el caso de las mujeres, llegan a ser víctimas de los que regentean, de clientes y de las autoridades corruptas.

Toda sociedad, para desenvolverse normalmente, precisa tener un marco jurídico que deba ser salvaguardado mediante normas y leyes jurídicas. Siempre será necesario que la sociedad se proteja de modo particularmente eficaz contra ciertas conductas. En el caso de la prostitución existe una urgente necesidad de normar adecuada y coherentemente su accionar ya que ésta como actividad, profesión, ocupación o como quiera que se lo identifique de acuerdo a la valoración de una determinada época y lugar, cambiará de forma, se transformará pasando de un ambiente a otro y de una civilización a otra, pero no desaparecerá.

Por último, se destaca la función pública que cumple la prostitución como válvula de escape a una sexualidad masculina no canalizable por otras vías; como compañía y alivio a la soledad del hombre; como mecanismo de prevención de la violación y el abuso sexual a otras personas (mujeres, hombres o niños y niñas).

Llegado a este punto del análisis, conviene preguntarse ¿qué es exactamente la prostitución?

¿un destino?

¿el producto de una coacción?

¿una decisión personal?

¿una víctima psicosocial?

¿es una libre decisión de un T. S. C.?

 

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