PENSAMIENTOS PARALELOS CONCIENTES (PPC)
Hugo Marietán
ALCMEON 25
Año IX - Vol.7Nro. 1- Junio 1998
Resumen
En este trabajo se elabora el constructo teórico de los pensamientos paralelos concientes (PPC) como origen de varios síntomas estudiados por la psiquiatría, como la percepción delirante, las alucinaciones, pensamiento de influencia, etcétera. Se diferencian los pensamientos que el paciente considera como propios, los pensamientos en serie concientes (PSP), de los que considera como extraños a él, los PPC. Para comprender el concepto se parte de la noción de que el percepto resultante de la sensopercepción es una construcción derivada de las señales externas y la información proveniente de la memoria.
Palabras clave
Esquizofrenia, delirio, alucinaciones.
Summary
In this work the theoretical diagram about Parallel Conscious Thinking is worked out as origin of several symptoms studied by psychiatry, as delusion, hallucination, think of influence, et cetera. Thinking which patients consider belonging to themselves (serial conscious thinking) are different from thinking consider strange (parallel conscious thinking). To understand the concept, we consider the percept resultant of perception as a construct derives from external signals and information comes from memory.
Key words
Schizophrenia, delusion, hallucinatio
La información
El humano, como cualquier ser biológico, necesita de la información para
ubicarse en su medio. La información la definimos, de acuerdo al concepto
de la física, como el descenso de la incertidumbre, y como un sistema
ordenado que se opone al sistema entrópico (caos). El concepto de sistema
ordenado lo podemos entender si decimos que solamente aquellas señales
que pueden ser ordenadas de acuerdo a nuestro sistema lógico pueden ser
entendidas. De la multiplicidad de señales que emanan de la realidad,
captamos aquellas que pueden ser decodificadas, es decir ordenadas, a las
cuales les podemos dar forma, y eso es información.
Para ser captada, la señal proveniente de un objeto depende de un sistema
sensoperceptivo que tiene el organismo para tal fin. Este sistema comienza
en los órganos de los sentidos que lleva una información bruta (sensación)
al cerebro, donde es procesada y da como resultado la imagen. En
consecuencia, la sensación en bruto (S), la estimulación primaria, no da
cuenta de la identificación del objeto, que necesita sí o sí de otro
procesamiento interno para lograrlo, la información almacenada que, por
definición, la denominamos memoria. Llamamos representación (R) al
material mnésico que utilizamos para complementar la sensación e
identificar el objeto.
El percepto (P), la imagen resultante, es una combinación entre la sensación
y la representación (S+R=P). Se entiende que el percepto es ya una
conclusión, un respuesta a la pregunta ¿Qué es esto?, un juicio de
identificación, un pensamiento. La representación (que aporta la memoria)
hace que el resultado tenga un alto componente subjetivo. De esto se
desprende que lo sensoperceptivo es una construcción entre señales
provenientes de lo externo e información proveniente de la memoria. Se
deduce que la llamada objetividad está apoyada más en el consenso de
varios observadores que en la captación de una realidad pura.
En tanto humanos no podemos captar la realidad en su esencia. Como
especie tenemos información de una parte de la realidad, la que nos es útil
o que nuestros órganos están preparados para recepcionar. Del resto no
tenemos conocimiento. La "mente" necesita, entonces, elaborar hipótesis
que rellenen este vacío de conocimiento (creencias, ilusiones y otros
artificios), para evitar el exceso de incertidumbre que genera temor. Tal
vez otro ser viviente con distintos órganos sensoriales percibiría de
diferente manera la realidad.
Así, la función a la que se le asigna el mayor grado de objetividad, la
sensopercepción, tiene una alta carga subjetiva (R) y es, en consecuencia,
relativa.
La construcción sensoperceptiva es una acción global del psiquismo que se
vivencia en el campo de la conciencia (CC); lo llamamos así porque
tenemos conocimiento de este proceso. Este CC es virtual, no tiene
existencia real en nuestro interior (como tampoco la imagen de que se ve en
la pantalla de una televisor tiene existencia real dentro del televisor), sino
que es el resultado de múltiples interacciones binarias neuronales que se
activan (1) o no (0). Y así como nunca encontraremos la imagen de Mirtha
Legrand detrás de la pantalla aunque desarmemos todo el televisor,
tampoco hallaremos la imagen de una silla que observamos en ninguna
parte de nuestro cerebro. El resultado de este trabajo cerebral se
"proyecta" en un campo virtual.
Si le prestamos atención a este razonamiento podemos utilizarlo para
encarar una hipótesis sobre la ilusión.
Ilusión
La definición clásica de ilusión dice que "es la percepción deformada de un
objeto real".
Para entender este concepto debemos comprender que la sensación es
complementada adecuada y armoniosamente por una representación para
identificar el objeto. Si falla alguno de estos elementos, la identificación
que vamos a realizar es falsa. Eso es lo que ocurre en la ilusión. La
sensación es sobrecomplementada con la representación y da una falsa
hipótesis de identificación. El ejemplo clásico es cuando tenemos gran
expectativa de que llegue una persona. Miramos a lo lejos, vemos una
persona con características similares, pero no tenemos la suficiente
precisión en cuanto a los datos de la sensación (S). Lo vemos de lejos, es
rubio, alto; con esos pocos datos más lo que nosotros anhelamos, decimos
"Es Juan" (S+R=‘P’). Se acerca la persona, va mejorando nuestro nivel de
información, a través de la sensación (S), nuestros almacenes de memoria
van trabajando y haciendo una complementación más ajustada y decimos
"No, no es Juan, es parecido a él" (S+R=P). En ese primer momento, que es
ilusorio, vemos a Juan. Pero no porque la sensación sea la adecuada, sino
simplemente porque estamos sobrecomplementando con nuestra
representación en función de la expectativa que tenemos.
Como dicen los clásicos, puede haber una falta de información en lo
referido a la sensación, por agotamiento o por inatención. Para atender
adecuadamente debemos focalizar nuestra conciencia sobre algo; si
estamos cansados, si hay exceso de expectación, si tenemos miedo,
etcétera, no podemos hacerlo. La ilusión es una sobrecomplementación de
la representación sobre la sensación. Percibimos deformado un objeto que
es real: ésa es la diferenciación entre la alucinación y la ilusión. Esquirol
lo discrimina en 1838: una cosa es la ilusión y otra la alucinación. En la
ilusión el objeto está, no así en la alucinación.
Alucinación
La alucinación es una percepción sin objeto, define Esquirol, 1838. El paciente
cree ver, escuchar, sentir, gustar, oler algo que no está, que no es
consensuadamente visto, olfateado, etcétera, por las demás personas. Henry
Ey, para darle mayor precisión a la definición agregó: "Que estimule los
sentidos". Esta definición está aún vigente.
Pero si nos basamos en el concepto de que para percibir es necesaria la
presencia del objeto (de lo contrario no tenemos sensación), no podemos
decir que se percibe si no está el objeto. Y con la aclaración "que estimule
los sentidos" la redundancia es mayor.
Certeza incontrastable
Hay un hecho que es perturbador: lo alucinado (desde la visión del que
alucina) no aparece en un contexto distinto al consensuado. Eso es lo
dramático de la alucinación. Lo alucinado se da en el contexto de las cosas
no alucinadas, eso es lo impactante y todavía no resuelto. ¿Por qué, por
ejemplo, el esquizofrénico percibe todo como el resto de las personas más
eso que no es consensuado? Éste es un factor de peso para entender la
tremenda certeza que tiene el esquizofrénico cuando dice "Ese gato está
ahí". Él ve a los doctores y demás objetos del entorno, con el agregado del
gato. El alucinado considera que los demás le están "tomando el pelo",
dado que ve al gato con nitidez. Entonces, o lo están engañando, o los
demás no tienen la facultad de ver al gato. Con argumentos en contra de la
presencia del gato no sacamos la certeza del alucinado, porque es el
contraste, para el alucinado, entre un hecho que observa y las meras
palabras del otro. Tiene la misma certeza para "el gato" que para los otros
perceptos.
El consenso como parámetro de realidad
Todas las sensaciones están complementadas con las representaciones
(S+R=P); en el caso del aula: la silla, la pared, cada uno de los alumnos, la
ventana... Y si preguntamos al alucinado qué ve:
S1+R1=P1: "veo bancos", hay consenso;
S2+R2=P2: "veo pared", hay consenso;
S3+R3=P3: "veo gente", hay consenso.
R4= "P": "veo un gato", no hay consenso. ¿Por qué?
Porque vamos consensuando de acuerdo a nuestra información sensitiva (S)
que complementamos con nuestras representaciones (R), llegamos a una
conclusión o identificación y decimos que sí lo vemos (P). Pero al buscar
al gato no hay forma de encontrarlo, al no tener la señal sensitiva no
podemos complementar con nada, en consecuencia: conjunto vacío, no
vemos el gato. El que alucina tampoco tiene sensación, porque para tener
sensación tiene que estar el objeto; lo que tiene es una representación a la
que le da categoría del percepto "gato". Encontramos algo interesante: este
fenómeno no puede ser considerado como perteneciente a la percepción,
porque para percibir necesitamos un objeto. Toda sensación debe ser
complementada con una representación de tal manera que sea identificado
el objeto. Aquí no juega sólo lo individual sino el consenso, que es el que
da el juicio de realidad. Vamos cotejando todos los elementos hasta llegar
al gato. Nosotros buscamos la sensación (S) y no la encontramos, por lo
que decimos que no hay un gato. Para el alucinado tampoco hay S, no es
sensación, ya que debe estar el objeto; inferimos que ese gato es producto
de su representación, que el almacén de su memoria envía una
representación (R) que es tomada como un percepto (P). Todos tenemos
representaciones, imaginamos cosas, pero no le damos la categoría o
calidad de percepto. Por eso decimos que esto no es un fenómeno
relacionado con la percepción, dado que ella identifica, discrimina. Aquí
una representación es confundida con un percepto. No se da en el campo de
lo externo, sino en la interioridad del sujeto, en la virtualidad del campo de
conciencia.
La alucinación como trastorno aperceptivo
Si unimos el percepto "silla, pared, gente, ventana" tenemos una idea global
o integradora de aula. Esta función que se denomina apercepción (tiene un
mal nombre porque el prefijo "a" significa sin, falto) es lo que da la idea de
globalidad (aula, dormitorio, gentío), la sumatoria de las identificaciones.
Y así tenemos:
1) La sensopercepción, que identifica (conciencia de objeto);
2) La apercepción, que es la idea integradora o global (conciencia de
contexto), y
3) Mi conocimiento con respecto a esa globalidad que estoy observando,
mi posición dentro de lo observado. En este caso sería "yo estoy en el
aula". En sentido clásico se llama conciencia del yo.
Como conclusión inicial la alucinación "el gato" no sería un trastorno de la
percepción, ya que la persona percibe adecuadamente (y
consensuadamente) todo el entorno a lo alucinado. Y que lo alucinado es un
"producto" representacional no reconocido como tal e integrado a lo
reconocido como percibido (de fuente sensorial). Luego decimos que es un
fenómeno que se da y depende de la interioridad del individuo. A esta
representación se le da categoría de percepto; integra al gato (una
representación) como elemento del aula (conjunto de perceptos). La
alucinación, así considerada y en un primer análisis, sería un trastorno de la
apercepción, de la función de integrar las señales externas en el campo
virtual de la conciencia.
En esencia, una vez que tenemos esto como elemento descriptivo podemos
decir, como análisis posterior, aunque no definitivo, que lo que falla es un
supuesto "filtro" que discrimina lo interno de lo externo.
Diferencia entre onirismo y alucinación
¿Se puede alucinar más de un objeto? ¿Se puede alucinar el aula completa?
Aquí hay que diferenciar la alucinación pura del onirismo. En la
alucinación pura no varía el contexto, el fenómeno se da en un entorno que
se percibe consensuadamente. Se agrega algo a lo consensuadamente
percibido. En cambio en el onirismo (fenómeno que se da en los síndromes
confusionales, producido entre otras cosas por absorción de LSD,
traumatismos, epilepsia, etcétera) el paciente vivencia, como en un sueño,
la transformación de todo el contexto. El observador infiere claramente que
el paciente está "soñando despierto", no sólo por lo que dice ver, sino
también por su conducta. Luego que Regís en 1900 hace esta distinción, ya
no se puede parangonar la alucinación pura con el onirismo como lo ha
hecho Kant e, incluso en una primera etapa, Freud. Ellos relacionaban el
sueño con la alucinación y llegaban a decir que la locura era un "soñar
despierto", criterio que no compartimos.
Los tipos de alucinaciones
Los clásicos, basados en la definición de Esquirol de percepción sin
objeto, decían que si la persona ve algo inexistente es una alucinación de
tipo sensorial visual, si escucha algo es una alucinación sensorial auditiva,
y así sucesivamente. Pero con nuestro esquema (S+R=P) se pierde esa
concepción. Para nosotros no tiene demasiada importancia qué tipo de
representación R (qué recuerdo visual, auditivo, etcétera) es tomado por
percepto P. Al decir que un paciente "tiene una alucinación auditiva" se
está convalidando el antiguo concepto esquiroliano y validando el discurso
del paciente. El observador se asocia en localizar en el órgano auditivo al
fenómeno, como si partiera de esta zona. Es decir, le está dando un valor de
sensación, oscureciendo más el problema.
Decir "el paciente alucina con representaciones auditivas" o "alucinación
de representación auditiva", nos parece más clarificador.
La problemática de las pseudoalucinaciones
En 1846 Baillarger dice que hay un tipo de fenómeno alucinatorio que tiene
punto de partida en el interior de la persona. A eso no lo podemos llamar
alucinaciones porque de acuerdo a la definición de Esquirol reservamos
ese término para cuando la persona ve lo alucinado como objeto externo a
él. Da las características de las alucinaciones puras, externa con imagen de
corporeidad y certeza de ser visto como externo. Dice Baillarger que hay
un tipo de fenómeno en que la persona escucha cosas y no pertenece a lo
externo. Al preguntar dónde escucha esa voz la persona se señala la cabeza.
No correspondería a los parámetros de Esquirol. Éstas son
pseudoalucinaciones o alucinaciones psíquicas.
Falla de identificación del propio pensamiento
Consideramos al síntoma denominado pseudoalucinación auditiva, por el
que el paciente manifiesta "oír" en su mente voces que no identifica como
suya, como una falla en la identificación del propio pensamiento.
Conceptualizarlo de otra manera es caer en la parapsicología.
El paciente dice escuchar voces que le hablan. Esta posición de colocarse
como testigo del fenómeno producido por él mismo es llamativo; sin
embargo, creemos que es un paso posterior y que debemos analizar este
punto desde un inicio.
Perturbación en el campo de la conciencia
Lo inicial es la perturbación en el campo de la conciencia de la persona.
Este hecho que es enunciado por todos los autores clásicos como
perplejidad, humor delirante, trema, etcétera, es la irrupción de algo
distinto en el campo de la conciencia. Y ese algo distinto es, para nosotros,
la génesis de un pensamiento en paralelo conciente.
Pensamiento en serie y en paralelo
Si hacemos una auto observación de la manera de operar de nuestro
pensamiento conciente llegaremos a la conclusión de que es de tipo "en
serie", es decir, secuencial, enriquecido por ideas anexas, por una serie de
juicios concatenados, por razonamientos, pero siempre manteniendo una
idea directriz, una temática variable, versátil y plástica, que se desplaza
dentro de cierto rango ideativo y que identificamos mnésicamente como
producida por nosotros. Podemos en ese tiempo generar, simultáneamente,
pensamientos en paralelo como es el caso de la solución de problemas,
pero no somos concientes de ello. No los vivenciamos como que están
presentes en nuestro campo de conciencia. Sólo nos damos cuenta de su
accionar cuando encontramos una respuesta "de pronto" a una pregunta que
ya habíamos olvidado. Es el caso de un problema que no podemos resolver
y abandonamos su tratamiento, nos ocupamos de otras cosas y pasan horas
o días y, de pronto, la solución "irrumpe" en el campo de la conciencia
cuando estamos pensando en otra cosa. Existen múltiples pensamientos en
paralelo, como es el caso de las variadas "decisiones" que el organismo
debe tomar para su funcionamiento y que no nos son concientes.
Pensamiento en paralelo conciente (PPC)
El hecho nuevo, decíamos, es la génesis de un pensamiento en paralelo
conciente. Creemos que al inicio se da como un sobrepensamiento, como
algo agregado y fuera del pensamiento serial. Esto lo vemos claramente en
la desafortunadamente llamada percepción delirante (la percepción no
delira) y que sería mejor llamarla interpretación anómala (o delirante) de
lo percibido (IAP). Veamos cómo tipificamos este fenómeno.
Interpretación anómala de lo percibido (IAP)
¿Qué ocurre en la IAP? Un paciente dice: Estaba caminando y vi a un
hombre rascarse la nuca, eso quiere decir que me van a matar.
Otro: Viajaba en colectivo y subieron dos chicos con guardapolvo.
¡Hasta el Ministerio de Educación me persigue!
¿Qué es lo primero que llama la atención de estas conclusiones? La pérdida
de lo simple, de lo común, de lo familiar.
Un hombre se rasca la cabeza. Este hecho es observado por muchos con
indiferencia. Es un hecho común, sin trascendencia, no genera alarma en el
grueso de la gente. Lo mismo que dos alumnos suban con sus guardapolvos
a un colectivo.
El S+R=P no genera ningún sobresalto: la sensación es complementada por
las representaciones y la conclusión (P) determina una completud conocida
y no es alarmante.
Sin embargo, en estos dos casos de IAP, lo simple, lo consensuado, no es
suficiente. Existe una sobrecomplementación representacional porque "hay
algo más" detrás de lo simple. Lo común, lo consensuado, para este caso,
perdió su completud. Algo se agrega a la realidad compartida. Hay una
sobrecarga de representaciones a lo real. En su campo de conciencia,
aparte de lo percibido, hay algo que tiene presencia pero no identificación,
y que se intuye implicado en lo percibido. En consecuencia se elabora una
hipótesis que trata de significar el fenómeno, un intento de explicación, que
resulta extraña, anómala a un observador (el término anómalo está tomado
aquí como anormal, no consensuado).
Esta explicación anómala de lo percibido a veces sorprende al propio
emisor, ya que al preguntársele por qué ha dicho tal cosa dice "No sé, pero
es así".
Esta vivencia de certeza o revelación que se da en la IAP se manifiesta
luego de un período de desconcierto, de que algo extraño está pasando y no
acierta a traducirlo verbalmente ni para él ni para otros. Es el período de
perplejidad o humor delirante de los clásicos.
La IAP es un intento de asimilación del proceso de pensamiento en paralelo
conciente (PPC), aún no identificado.
Pseudoalucinaciones auditivas
Un paso posterior es la verbalización de este pensamiento paralelo. Es
decir, el PPC adquiere independencia y lenguaje y le es absolutamente
extraño a la propia persona. El sujeto desconoce que genera estos
pensamientos. Cuando el PPC se verbaliza y se presentan concatenaciones
lógicas, el paciente lo trasmite como que le "hablan". Sin embargo, al
menos al principio, ninguna persona puede decir que esas "voces" que
siente dentro de su cabeza son iguales a las voces con que le hablan las
otras personas de su entorno ambiental. Puede distinguirlas.
Voces que dialogan entre sí
La presencia de varios PPC determina las "voces que dialogan entre sí". Y
a veces el paciente, con su pensamiento en serie (que nunca deja de
reconocer como suyo), interviene y dialoga con las "voces", que identifica
como de otros.
Coherencia y delirio
La explicación que encuentra el paciente para estos fenómenos constituye
un armado coherente de su pensamiento en serie frente a sus PPC, pero que
resulta extraño para un observador, quien llamará delirante a esta forma de
significar.
Persistencia del pensamiento en serie
Lo que queremos puntualizar es que el paciente no pierde su identidad, es
decir su pensamiento en serie, que en todo momento reconoce como suyo. Y
también puede reconocer su biografía.
Para él no se le escinde la mente, sino que sus PPC son vivenciados como
pensamientos impuestos. Es alguien que en ocasiones pierde su voluntad,
la determinada por su pensamiento en serie, por sus PPC, que vivencia
como extraños.
El mecanismo por el cual se hacen concientes los pensamientos paralelos y
se verbalizan nos es desconocido.
La potencialidad ideopráxica
La potencialidad ideopráxica del pensamiento implica el concepto de que
una idea puede generar una acción, traducirse en una conducta.
Los PPC son ideas tomadas por el Pensamiento Serial Conciente (PSC)
como fuera de su circuito asociativo, como extrañas. Pasado el período de
consternación, de asombro por la aparición de este fenómeno nuevo, el
PSC realiza dos de sus tareas esenciales:
a) Identificar los PPC,
b) Encontrar una hipótesis que los explique, que le permita al PSC
incorporarlo a su lógica.
Estos dos pasos no son nada nuevo para el PSC: lo ejecuta constantemente
ante cada situación nueva o ante la presencia de una información no
conocida. Cuando se topa con un objeto no familiar, es decir que no hay en
el almacén mnésico una representación complementaria (R) para esa
sensación (S), trata de encontrar, por asociación, por analogía, referentes
parciales que permitan una identificación, es decir una respuesta a la
pregunta ¿Qué es esto? Cuando no hay completud identificatoria, se elabora
una hipótesis identificatoria provisoria con los pocos elementos analógicos
de que dispone la memoria y que son complementados por la imaginación,
es decir, representaciones asociativas más libres de las sensaciones. Esto
hace que se le dé una identificación provisoria, pero suficiente para
nominarla de alguna manera, como por ejemplo, la cosa, el bicho, eso, el
ente, o cualquier aproximación nominativa.
El segundo paso es encontrar una lógica, es decir buscarle una analogía con
nuestro sistema de pensamiento, poder encuadrarlo dentro de las normas y
principios que dan armonía a nuestro estilo de pensar. Que lo nuevo encaje
en nuestros esquemas de pensamiento. Para ello es necesario encontrarle
una explicación (¿por qué?) y una finalidad (¿para qué?). El encontrar estas
dos respuestas hace que el individuo "entienda", es decir que ubique lo
nuevo en su sistema lógico.
La persona está tan habituada a estos procedimientos, identificación y
entendimiento, que si no los puede llevar a cabo ante lo nuevo, le generan
incertidumbre, displacer, inseguridad y lo obligan a realizar un gran trabajo
cerebral en el intento de completarlos. Aclaramos a fuerza de ser obvios,
que lo nuevo debe implicar fuertemente al individuo, debe interesarle; lo
indiferente no nos motiva.
El consenso de la explicación
El entender algo puede ir de lo concreto a lo concreto (una piedra sirve
para hacer una flecha), de lo concreto a lo abstracto (esta piedra me la
envió Dios), de lo abstracto a lo abstracto (2+2=4). Cuando se comunican
estos pensamientos, su grado de validación por los otros, es decir su
consenso, varía. El grado de consenso de los pensamientos concretos suele
ser muy alto; la gran mayoría estará de acuerdo en que lo considerado una
piedra es una piedra y que puede ser usada para hacer una punta de flecha.
El grado de consenso en el segundo caso es menor y depende ya de un
hecho cultural, de compartir creencias. Y en el tercer caso se trata de
compartir convenciones, y tiene validez y consenso en ese rango.
Cuando la comunicación de un pensamiento sale de estos parámetros, es
considerado como no entendible, ilógico, no consensuado. Es decir, los
interlocutores no pueden colocarlo, encajarlo, en sus esquemas lógicos o
creenciales.
Un ejemplo
Un paciente decía: La primera vez que escuché una voz, estaba jugando
con la computadora un juego donde debía matar a varios enemigos para
subir a otro nivel de juego. De pronto escuché que me decían: "así tenés
que matarlos vos". Me asusté mucho, porque estaba solo en la habitación
y sabía que la voz estaba en mi cabeza. Dejé todo y me fui al living,
donde estaban mis padres. Y me puse a pensar qué había pasado, de
dónde venía esa voz y qué me quiso decir. A los dos días volví a colocar
el jueguito en la computadora, quería saber si la voz iba a volver.
Lo llamativo es que el paciente no comunicó a nadie de esta experiencia, se
quedó rumiando solo y perplejo un posible entendimiento del fenómeno. La
familia comentará que se lo ve más distraído, callado y que tiende a
quedarse en su habitación solo por mucho tiempo.
La voz es ubicada por fuera de su PSC, como de otro, para él es una
sensación (S). Eso es lo que genera el miedo: lo nuevo no entendido. Esa
voz tenía un mensaje. Ese mensaje lo implicaba.
En aras de llegar a una explicación, se vence el miedo y se vuelve a
intentar la experiencia para saber de que se trata: quería saber si la voz iba
a volver. Es decir, el paciente trata de encajar el fenómeno en sus esquemas
lógicos.
La aparición del PPC "así tenés que matarlos vos" verbalizado, audible,
vivenciado como sensación, genera inicialmente sorpresa, luego
consternación, temor y perplejidad. Hasta que no encuentre el
entendimiento de lo que le pasa la intranquilidad no cesará. Es algo
satánico, dirá inicialmente. Me habla el diablo, afirmará después. Llegar
a esa conclusión hizo que no durmiera dos noches por el terror. ¿Por qué
el diablo me hablaba a mí? En este intento de explicación los PPC
continúan vivenciándose como externos, ajenos a sus PSC y así se
mantendrán a lo largo de todo el proceso: Una cosa es lo que él piensa (sus
PSC) y otra cosa es lo que le dicen (sus PPC).
Nadie puede generar un pensamiento desde la nada conceptual. Lo hace con
elementos ideativos previos, aun cuando la forma de asociarlo sea
enteramente original o cuando genera palabras por condensación o
anudamiento de fragmentos de palabras y emita neologismos. Toda idea
tiene su fuente en lo mnésico. Y esto es válido tanto para los PSC como
para los PPC.
Las formas del PPC
Los PPC pueden ser vivenciados como audibles y con contenido
(clásicamente llamados pseudoalucinaciones auditivas o alucinaciones
psíquicas), o vivenciados como imágenes o sonidos provenientes de lo
externo (las llamadas alucinaciones visuales o auditivas) o como
sobrecomplemento de lo percibido (IAP). Los PPC son experimentados
como ajenos a los PSC, es decir como objetos externos y no familiares, y
en consecuencia pasibles de ser identificados y explicados.
Explicación y delirio
Toda explicación es una conclusión, un juicio. Los juicios son la base de
los razonamientos. La comunicación de estos razonamientos puede ser
aceptada (es decir que coincida con los sistemas lógicos del interlocutor),
tolerada (es decir que el interlocutor se considere que no maneja los
códigos suficientes para decodificar el mensaje, pero que tiene posibilidad
en un futuro de entenderlos, como es el caso de que un científico comunique
una teoría nueva), o rechazada (cuando el contenido del mensaje es
considerado absurdo o imposible de encajar con los sistemas lógicos o
creenciales del interlocutor). Esta tercera posibilidad es considerada
inicialmente como un disparate, y su persistencia, como extravagancia o
como un delirio, es decir, un sistema lógico no consensuado, o sea con una
significación completa para el emisor pero vacía o absurda para el
receptor.
Pensamiento y conducta
Decíamos que el pensamiento tiene potencialidad ideopráxica, nos
conducimos de acuerdo a nuestras creencias. Traducimos con nuestra
conducta lo que pensamos. Si nuestra conducta es adaptada, es decir que
responde el patrón conductual de una comunidad, es aceptada y
considerada común. Si tenemos un sistema lógico no consensuado, eso se
va a traducir en la conducta que será calificada de rara, extraña, ajena al
patrón conductual común, fuera de la línea, y, en un extremo, alienada o
loca.
Conclusión
Estos fenómenos se vivencian en el campo virtual de conciencia del
individuo y, al principio, no tienen definición ni identificación, pero la
persona sabe que están. Es una irrupción en el campo de la conciencia y es
el inicio de lo que llamamos Pensamiento Paralelo Conciente.
Como una de las funciones del Pensamiento Serial Conciente consiste en
identificar lo presente en el campo de la conciencia, ante esa "presencia"
nueva elabora una hipótesis, en un intento de dar una significación a lo que
para el paciente está implicado junto a lo percibido. Y es un intento de
significar lo nuevo que aún no tiene una configuración en el campo de la
conciencia, tal que pueda ser identificada o analogizada con las
experiencias almacenadas o que le resultan comunes al sujeto. Para ese
"algo" se le elabora una hipótesis. El enunciado de esa hipótesis constituye
una Interpretación Anómala de lo Percibido, para un observador.
El PPC es un mismo fenómeno al que se le dan múltiples nombres porque
se los describe en distintas etapas de su propia evolución. Desde lo extraño
pero no identificable (presentimiento), pasando por las hipótesis no
consensuadas (IAP), hasta la verbalización de los PPC (voces) o incluso la
visión o audición vivenciadas como desde el exterior (alucinaciones). Sin
embargo, para nosotros, el delirio no forma parte de los PPC, sino que es el
resultado del intento de explicación, por parte del PSC, de los PPC.
Los neurolépticos pueden quitar la verbalización, pero no la impresión de
que el PPC continua allí (en el campo de conciencia). Atenúan el fenómeno.
Así, un paciente que decía escuchar voces que le indicaban qué hacer y
acotaban sobre cada una de sus acciones, luego de la toma de
neurolépticos, decía que ya no escuchaba las voces, pero que seguían allí
(como voces en silencio, aunque resulte contradictoria esta idea), o que a
veces las escuchaba pero "desde lejos y con bajo volumen".
Es un constante trabajo el que debe realizar el pensamiento serial para dar
explicaciones a cada uno de estos PPC. El paciente pasa rumiando, entre la
perplejidad, el temor y la incertidumbre, cada elemento de los PPC para
explicarlos, para generar algún tipo de hipótesis que tranquilice su sistema
psíquico. Cuando consigue un primer nivel de interpretación de los PPC y
trata de integrarlos a su sistema lógico como por ejemplo: "son voces de
Dios que le indican lo que debe hacer", ahí no termina el proceso de
absorción de la psiquis del paciente sobre este fenómeno, sino que luego
debe interpretar cada uno de los mensajes y así sucesivamente.
Esto puede llegar a producir una saturación de trabajo psíquico y dar la
impresión de que el paciente esta embotado o atontado y desde luego que
provoca una enorme introversión, en el intento de explicar el fenómeno, y
el consiguiente desapego y desinterés hacia las señales del exterior.