Semiología Psiquiátrica y Psicopatía

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Gaëtan Gatian de Clérambault. El Automatismo Mental

Vaya uno a saber qué profundas tristezas emergieron en el cerebro de Gaëtan para que tomara aquella decisión final: acercar el revólver al cráneo para destruirse ese día de noviembre de 1934. Quizá nadie pueda comprender a una mente que autodetermina sus últimos momentos...

Tal vez influyó la incapacidad a que se vio reducido después de una operación de cataratas. Él, un hombre majestuoso, soberbio, soltero pertinaz, mezquino de su libertad, no pudo tolerar ser semiciego, un despertador de misericordia. No admitió que su telón bajara de a poco, raído, lastimero, gris: prefirió cerrarlo así, con impactante final, rojo, mientras los poderosos focos aún desparramaban su luz con toda intensidad.
Como aquella luz que lo alumbraba en diciembre de 1931, en el Palacio de Justicia de París, en un aula pequeña, pero abarrotada de ávidos oyentes desde horas antes: una mezcla de médicos, artistas, estudiantes y “damas de la sociedad”, que esperaban la entrada del actor principal de aquel espectáculo académico de dictar una clase.
Para un desconocido que lo describiera,(2) Clérambault era bajo, macizo, como un Hércules de feria, bien plantado, morena la tez, sin relieves el rostro, tallado de una sola pieza - uno de esos rostros que apenas sonríen con la mitad superior - , áspero de ceño; crueles e inquisidores los ojos detrás de los espejuelos. En su conjunto prometía la torpeza, la fuerza, la tenacidad. Su voz de barítono, educada como la de un actor de teatro, sus gestos y el contenido de sus parlamentos, hacían desaparecer la primera impresión para dar paso al personaje de maestro, cuyas clases eran escenas de fuerte colorido.
Consistían sólo en interrogatorio, análisis semiológico y nosológico, con el paciente presente. La mitad de su talento estaba en cómo realizaba el interrogatorio: ninguna dificultad lo detenía cuando se trataba de sonsacar respuestas. Era sucesivamente torpe, imperativo, malicioso, locuaz, pueril, vanidoso, elocuente, reía a carcajadas, y en una oportunidad, jugando su rol estupendamente, se lo ha visto con los ojos llenos de lágrimas.(2)
La otra mitad fincaba en el soporte teórico que daba base a su doctrina psiquiátrica. Su cultura era extensísima y personal. Una vez le preguntaron por su obra: zafó con ironía “mon oeuvre à jamais inédit...” Y así fue, nunca escribió su libro. Después de su muerte, recogieron artículos, apuntes de sus clases, y formaron lo que ahora se conoce como sus Obras.(5)
En ellas son dos los temas que resaltan y fundamentan su prestigio, insertándolo en la historia de la Psiquiatría: su descripción de los delirios pasionales, entre ellos la erotomanía, y su Teoría del Automatismo Mental, que publicó en 1926. Pero para entenderla debidamente debemos retrotraernos a sus primeros trabajos, anteriores a 1914.
Trabajos anteriores a la Primera Guerra Mundial
Estudios sobre delirios colectivos
Los delirios se transmiten (es decir, las convicciones, los sentimientos), pero no la psicosis (es decir, los mecanismos genéticos de estos delirios): “Cuando aparece el delirio, la psicosis ya es vieja”, solía enunciar. “El delirio es el conjunto de los Temas Ideicos y de los sentimientos adecuados o inadecuados, pero conexos, así como el tono mórbido que les sirve de base. La psicosis es ese mismo Delirio, más el fondo material necesario para producirlo y desarrollarlo. Los Temas Ideicos están entonces lejos de ser la Psicosis, son producciones secundarias, secundarias en los dos sentidos de la palabra. Son productos intelectuales sobreagregados.”(5, 3) Es decir, hay una base, la psicosis, que genera un producto, el delirio.
Estudios sobre las ebriedades (toxicomanías)
Es un trabajo minucioso, muy documentado sobre los distintos tóxicos (cloral, cocaína, alcohol, éter, etcétera), que producen distintos síntomas alucinatorios. Como si existieran partes del cerebro específicas para cada tóxico, las alucinaciones se muestran específicas según el tóxico en cuestión. Hay electividad tóxica en el SNC. Así, las alucinaciones producidas por el cloral son caleidoscópicas, pequeñas, de color pálido, salpicadas de manchas y de líneas brillantes con una afinidad por las disposiciones en lazos y rosas.(3)
Estudios sobre estados delirantes agudos de origen epiléptico con conservación parcial de la memoria
Clérambault observa en ellos trastornos del humor frecuentemente de “inspiración descabellada”, tendencia a las estereotipias verbales, afectivas, ideicas; ausencia de crisis convulsivas y, especialmente, conservación parcial del recuerdo del episodio: “La concepción de que todo accidente epiléptico debe forzosamente ser amnésico... es una generalización profesoral”.(5, 3) Este estudio afina sus concepciones sobre los automatismos psíquicos.
Clérambault es localizacionista: “Las perturbaciones psíquicas finas y específicas: perturbaciones del humor, alucinaciones, ideas e impulsiones, pueden depender de una afección neurológica focal, de tipo irritativo (espina) cuyas modalidades pueden depender de las electividades del tóxico o de la lesión de que se trate”.(3)

Notas al pie:

 

1 Publicado en la revista Alcmeón, Volumen 3, Nº 4. www.alcmeon.com.ar

2 Médico psiquiatra, docente de la Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires.  marietanweb@gmail.com

 

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